Vale estoy parado, en medio de la calle. Llueve la de Dios, está todo detenido y empiezo a gritar desnudo, mojado y helado. He transitado todo el puto valle de lágrimas repartido en doce puñaladas de enero a diciembre, del frío al frío, de la soledad a la soledad, con breves interrupciones. He tratado de matar la voz con alcohol, juergas y testosterona, vagando sin rumbo de amigo en amigo y de bar en bar. Y me he lamentado, sin darme cuenta, que sólo el viento de cara, sólo esa simple tontería, es un milagro.
Si me escucharon los dioses o si realmente este camino es el fruto de la conexión entre mi destino y mis decisiones, da un poco igual. Lo que me queda es un puñado de gente maravillosa, las mismas ganas de seguir luchando en contra de las injusticias y ese extraño sentido que se agudiza cuando sufres y te enseña a estar alerta, a darte cuenta de las cosas, de los que lo pasan mucho peor que tu, desde ese lado del espejo en el que la vida cuesta, pasito a pasito.
He bajado al infierno, del que pensé que no volvería a entrar y, ni mucho menos, salir. Escuché de nuevo a Sabina, a Alejandro Filo, a Aute y todos los que malviven en la cantina del amor perdido, del que se regresa más fuerte y con más cicatrices.
Y encontré un claro de cielo y en el azul de Cádiz me bañé para renovar mi alma. En estos tiempos tan difíciles encontré los golpes de tambor necesarios para no dejar que mi espíritu en guerra siguiera durmiendo vestido de lamento. Y renacer por cojones, por la obligación de seguir buscando, luchando, disfrutando.
Lo de más es darte cuenta de que, a pesar del dolor que viví y por todos los que sufren infinitamente más, aún merece la pena.
jueves, 20 de diciembre de 2007
martes, 18 de diciembre de 2007
Saudade
Si la escucho, enloquezco. Si cambio el gris por tu voz que a veces se me aparece en cualquier momento, sobre todo de noche -no se escoge el amor ni el recuerdo-, aparece y te taladra. Da igual que pase demasiado tiempo. En ocasiones, demasiado es muy poco y no obedece al corazón, que tiene un reloj muy extraño y palpita cuando le sale de los huevos y de la misma manera sangra. Si pudiera viajar al pasado sería sólo el triste espectador de los brazos que no tengo, de una niña que hace un año me susurraba al oído con voz extranjera te amo mucho, poco antes da arrancar la puerta de casa junto a un montón de sueños y marcharse para siempre de mi vida con la total seguridad de que, desgraciadamente, no fue un sueño
Es difícil escribir a la penumbra de un recuerdo que no quiero que se apodere de mi, para seguir corriendo todo lo rápido que pueda, para escapar de tu sombra, de las cajas apiladas en el salón, de los ojazos negros de raza que me miran directamente a la cara preguntándome dónde estoy. Sin saber la respuesta, encuentro una excusa de esas que son mitad verdad y mitad miedo y te respondo, con la voz entre cortada, “sigo sin saberlo”.
Agora no falo brasilero, solo falo flamenco apayao y roto, como las varas, que rotas dan mejor el ritmo. Deja de escribirme y de felicitarme las fiestas que no lo necesito. Ya casi no necesito nada, pero eso… Te juro que menos, de eso mucho menos. Con lo que no tengo me sobra casi todo.
Es difícil escribir a la penumbra de un recuerdo que no quiero que se apodere de mi, para seguir corriendo todo lo rápido que pueda, para escapar de tu sombra, de las cajas apiladas en el salón, de los ojazos negros de raza que me miran directamente a la cara preguntándome dónde estoy. Sin saber la respuesta, encuentro una excusa de esas que son mitad verdad y mitad miedo y te respondo, con la voz entre cortada, “sigo sin saberlo”.
Agora no falo brasilero, solo falo flamenco apayao y roto, como las varas, que rotas dan mejor el ritmo. Deja de escribirme y de felicitarme las fiestas que no lo necesito. Ya casi no necesito nada, pero eso… Te juro que menos, de eso mucho menos. Con lo que no tengo me sobra casi todo.
lunes, 17 de diciembre de 2007
Separados por la diferencia y unidos por el Amor
A veces es tan sencillo cómo parar y decir las cosas con cariño, es tan simple como comunicarle al interlocutor que no tiene la necesidad de herir para que prevalezca su opinión. La verdad no es más que el patrimonio de los ignorantes, pues es muy difícil de vislumbrar y, seguramente, el que la posee no ha desarrollado la capacidad de acercarse más a ella, o no está cerca de nosotros para contarlo.
Me propuse, en medio de la zozobra del año que despido, aferrarme a dos cosas. Una fue la sinceridad y, para potenciar este sano ejercicio y poder aclararme y dejar manifiesto mi opinión y sentimientos, lo plasmé en entreelmaryelasfalto. Cuanto expuse, independientemente de mi ideología de izquierda animalista/activista, en especial lo tocante al corazón, partió de la sinceridad. Cuando sentí la falta, cuando amé o no entendí alguna reacción, lo publiqué, para no dar lugar a otras interpretaciones, para dejar de ocultar mis sentimientos y compartirlos con todo aquel que se asome al blog.
Muchos de los post publicados tienen un nombre detrás y van dirigidos a una persona, normalmente una vivencia o situación compartida. Otros son disparos de amor al viento que, en ocasiones, regresaron vestidos de una forma u otra.
Creo que, terapéuticamente, manifestar sin tapujos lo que sientes es algo maravilloso. Al principio me costó mucho por miedo al rechazo o por lo particular de las situaciones y el momento que estaba atravesando. Puede resultar contradictorio mezclar pensamientos políticos, polvos casuales, sentimientos críticos, amistades y amores inmortales, pero así es mi vida, ni más ni menos intensa que la de cualquiera. Las posibles contradicciones no obedecen más que a mi naturaleza y a lo mucho que me queda por andar para tener una visión global y positiva.
Comprender es uno de los caminos que señala el budismo: compasión y compresión. Así, formula primero compasión como una forma de empatía global con la vida y los que la transitamos, con los sentimientos de los demás y los nuestros. A través de eso, que no es más que el amor, llegará la comprensión.
Lo segundo a lo que intenté aferrarme es al Amor, seguramente porque lo perdí -mejor dicho, cambió-, y lo consideré muy necesario. Cuando escuché lo de amaros los unos a los otros, nunca entendí a qué se refería ni como es posible amar a un desconocido o a un hijoputa que se dedica a jodernos la vida.
Realmente, he comenzado a comprender que si quiero vencer la violencia, sólo existe una fórmula. Si logro mantener este propósito y aprender más el próximo año sobre la sinceridad y el amor estaré más cerca de la felicidad, la mejor forma de sabiduría que conozco.
Me propuse, en medio de la zozobra del año que despido, aferrarme a dos cosas. Una fue la sinceridad y, para potenciar este sano ejercicio y poder aclararme y dejar manifiesto mi opinión y sentimientos, lo plasmé en entreelmaryelasfalto. Cuanto expuse, independientemente de mi ideología de izquierda animalista/activista, en especial lo tocante al corazón, partió de la sinceridad. Cuando sentí la falta, cuando amé o no entendí alguna reacción, lo publiqué, para no dar lugar a otras interpretaciones, para dejar de ocultar mis sentimientos y compartirlos con todo aquel que se asome al blog.
Muchos de los post publicados tienen un nombre detrás y van dirigidos a una persona, normalmente una vivencia o situación compartida. Otros son disparos de amor al viento que, en ocasiones, regresaron vestidos de una forma u otra.
Creo que, terapéuticamente, manifestar sin tapujos lo que sientes es algo maravilloso. Al principio me costó mucho por miedo al rechazo o por lo particular de las situaciones y el momento que estaba atravesando. Puede resultar contradictorio mezclar pensamientos políticos, polvos casuales, sentimientos críticos, amistades y amores inmortales, pero así es mi vida, ni más ni menos intensa que la de cualquiera. Las posibles contradicciones no obedecen más que a mi naturaleza y a lo mucho que me queda por andar para tener una visión global y positiva.
Comprender es uno de los caminos que señala el budismo: compasión y compresión. Así, formula primero compasión como una forma de empatía global con la vida y los que la transitamos, con los sentimientos de los demás y los nuestros. A través de eso, que no es más que el amor, llegará la comprensión.
Lo segundo a lo que intenté aferrarme es al Amor, seguramente porque lo perdí -mejor dicho, cambió-, y lo consideré muy necesario. Cuando escuché lo de amaros los unos a los otros, nunca entendí a qué se refería ni como es posible amar a un desconocido o a un hijoputa que se dedica a jodernos la vida.
Realmente, he comenzado a comprender que si quiero vencer la violencia, sólo existe una fórmula. Si logro mantener este propósito y aprender más el próximo año sobre la sinceridad y el amor estaré más cerca de la felicidad, la mejor forma de sabiduría que conozco.
jueves, 13 de diciembre de 2007
Locura e Ignorancia
Hace 25 siglos en la Grecia socrática se llego a la deducción de que la raíz del mal viene determinada por dos factores: la ignorancia y la locura. Pasando por alto el segundo término -nunca he llegado a entender dónde está el limite entre la cordura y la vida que llevamos-, quiero analizar la ignorancia como una situación espiritual y no cómo aquel que no acumuló en su memoria una gran cantidad de conocimientos.
El ignorante es el que no es capaz de comprender la reacción intrínseca a cada acción que realizamos, seguramente por falta de empatía, porque nunca sufrió consecuencias parecidas a las que genera. Para entenderlo mejor voy a poner unos ejemplos muy navideños:
Si compro un regalo para hacer feliz a un niño (campanitas de colores como banda sonora), que viene de un país lejano de Oriente (China o Corea o Taiwán), y resulta que la confección la realizó un niño esclavizado, sin sueldo, ni esperanza de vida, ¿que estoy regalando? Si, además, pago 500 veces su precio inicial a unos señores que le ponen una marca conocida, y a otros que lo ponen en sus grandes almacenes, ¿a quién estoy haciendo el regalo? La respuesta es muy clara: en vez de comprar en la tienda de comercio justo que no mola mucho y no tengo ni puta idea de dónde está, vamos a comprar al "Elcorte" y así escuchamos en la boca esos maquiavélicos muñecos el himno nacional de Cortilandia -orgasmo invernal inevitable-, y educamos a nuestros vástagos en la maravillosa costumbre de gastarse la extra, a mayor gloria de Isidoro y descendientes.
Si pago en el mercado un precio muy alto por un animal asesinado, que normalmente (evidentemente la vida no tiene precio) se vende por mucho menos el resto del año, lo cocino y lo sirvo en la mesa, junto con otra tonelada de comida que acabará en la basura, ¿a quién estoy agasajando? ¿A mi famélica familia? ¿Al pez que ahogaron innecesariamente? ¿Al cerdo que trincharon normalmente vivo tras una vida infame? ¿Al vendedor que, para sanear su economía, infla los precios de los productos a los cuales les aplica por el artículo 33 dos subidas anuales? En esta ocasión, la respuesta también es muy clara: no me jodas la cena con tus putas paranoias, que una navidad sin cordero es...
Y así un larguísimo etcétera, que sin mucho esfuerzo podríamos aumentar, elevando a infinito todas las barbaries que por ignorancia (nosotros no somos los explotados, los asesinados ni los puteados), hacemos y, encima, nos queda la sensación de algo bonito, la Navidad.
Dicen que la ignorancia produce felicidad. Me pregunto a quién, al que sufre o al ignorante que mantiene un sistema de puteo vestido de glamour y buenos sentimientos. ¿Cómo se puede ser feliz así?
Y regresando al tema de la locura… ¿Realmente alguien piensa que esta sociedad y época que vivimos tiene los cojones para convencerme de que estamos cuerdos y recupere la ilusión perdida? ¿No mejor es cerrar los ojos para que nadie nos amargue estos días de paz (no será mundial, o familiar o conyugal) y celebrar así y con una peli de Disney la Nochebuena occidental? Lo que da de si una fiesta religiosa, Dios mío.
El ignorante es el que no es capaz de comprender la reacción intrínseca a cada acción que realizamos, seguramente por falta de empatía, porque nunca sufrió consecuencias parecidas a las que genera. Para entenderlo mejor voy a poner unos ejemplos muy navideños:
Si compro un regalo para hacer feliz a un niño (campanitas de colores como banda sonora), que viene de un país lejano de Oriente (China o Corea o Taiwán), y resulta que la confección la realizó un niño esclavizado, sin sueldo, ni esperanza de vida, ¿que estoy regalando? Si, además, pago 500 veces su precio inicial a unos señores que le ponen una marca conocida, y a otros que lo ponen en sus grandes almacenes, ¿a quién estoy haciendo el regalo? La respuesta es muy clara: en vez de comprar en la tienda de comercio justo que no mola mucho y no tengo ni puta idea de dónde está, vamos a comprar al "Elcorte" y así escuchamos en la boca esos maquiavélicos muñecos el himno nacional de Cortilandia -orgasmo invernal inevitable-, y educamos a nuestros vástagos en la maravillosa costumbre de gastarse la extra, a mayor gloria de Isidoro y descendientes.
Si pago en el mercado un precio muy alto por un animal asesinado, que normalmente (evidentemente la vida no tiene precio) se vende por mucho menos el resto del año, lo cocino y lo sirvo en la mesa, junto con otra tonelada de comida que acabará en la basura, ¿a quién estoy agasajando? ¿A mi famélica familia? ¿Al pez que ahogaron innecesariamente? ¿Al cerdo que trincharon normalmente vivo tras una vida infame? ¿Al vendedor que, para sanear su economía, infla los precios de los productos a los cuales les aplica por el artículo 33 dos subidas anuales? En esta ocasión, la respuesta también es muy clara: no me jodas la cena con tus putas paranoias, que una navidad sin cordero es...
Y así un larguísimo etcétera, que sin mucho esfuerzo podríamos aumentar, elevando a infinito todas las barbaries que por ignorancia (nosotros no somos los explotados, los asesinados ni los puteados), hacemos y, encima, nos queda la sensación de algo bonito, la Navidad.
Dicen que la ignorancia produce felicidad. Me pregunto a quién, al que sufre o al ignorante que mantiene un sistema de puteo vestido de glamour y buenos sentimientos. ¿Cómo se puede ser feliz así?
Y regresando al tema de la locura… ¿Realmente alguien piensa que esta sociedad y época que vivimos tiene los cojones para convencerme de que estamos cuerdos y recupere la ilusión perdida? ¿No mejor es cerrar los ojos para que nadie nos amargue estos días de paz (no será mundial, o familiar o conyugal) y celebrar así y con una peli de Disney la Nochebuena occidental? Lo que da de si una fiesta religiosa, Dios mío.
martes, 11 de diciembre de 2007
En el viento
Será cuestión de genética, información pura condensada en nuestro ADN, en nuestra sangre, determinaciones que van desde nuestro aspecto a nuestros gustos, o será realmente que lo viví tanto hace miles de años, en otro tiempo, que por mucho que quiera me sigue emocionando.
Los tambores africanos que en más de una ocasión me ponen el pelo de punta y llaman con su ipnótico sonido a una parte que se estremece y cree recordar la tribu, la música árabe, las mujeres morenas, la media luna en los tejados, las especias, el té, la comida picante. La letra tan preciosa.
Me ocurre lo mismo al pisar el suelo empedrado de un Toledo lleno de espadas, las calles de Roma, los túneles venecianos. Al ver manejar una catana, o la ceremonia del té. Es esa sensación que te zarandea suplicando que despierte, o simplemente la sombra de un recuerdo que permanece a través del tiempo, algo que siento cuando estoy junto a mis amigos de la infancia, que siempre fuimos parte de una misma familia espiritual muy antigua. Es lo mismo que me ocurre desde pequeño contigo, y tú que lo sabes y yo que lo sé. Y lo que jode a veces.
Mirar el mar, las estrellas, los grandes espacios naturales, lo que fue siempre, en todas las vidas, desde que desafortunadamente para él, el hombre habitó este mundo, O, simplemente por justicia poética, por la responsabilidad que lo que hagamos ahora será la mierda que comamos en el futuro. Creo que una vida es muy cortita para poder desarrollar, aprender y finalmente entender el crisol de sabiduría y experiencia que se muestra ante nosotros; quizá el miedo o el sentido empírico de demostrar todo en base a la repetición nos esté alejando de nuestros sentimientos, de la percepción interna de las cosas de nuestros sueños conscientes.
Una vez soñé que hace mucho tiempo fuimos hermanos –quizá en la época de Adriano– cerca del Mediterráneo, no sé si en Italia o Grecia. Incluso entre la niebla te vi, cerca de una columnata, vestida con una túnica sencilla: cantabas. Siempre adoramos la música. Sé que nos quisimos durante toda la vida, y si apuras, pienso que compartimos algo que forma parte de nuestra propia naturaleza, que no me ha ocurrido salvo con muy pocas personas... por no decir ninguna. Pienso también que, en algún momento, o simplemente en muchos diferentes momentos, compartimos de una forma u otra la vida y que ese lazo, por paradójico que parezca, por mucho que las circunstancias nos separen, no se rompe: se hace más fuerte con el tiempo, y una parte de mi es más feliz por el simple hecho de saber que estás. Quizá sea una forma estúpida de intentar dar trascendencia a mis sentimientos y sentirme inmortal, o simplemente es la película construida por mis propias creencias.
No lo sé, pero un viento que parte del fondo de la historia me asegura que todo eso no es falso.
¿Y tú?
Los tambores africanos que en más de una ocasión me ponen el pelo de punta y llaman con su ipnótico sonido a una parte que se estremece y cree recordar la tribu, la música árabe, las mujeres morenas, la media luna en los tejados, las especias, el té, la comida picante. La letra tan preciosa.
Me ocurre lo mismo al pisar el suelo empedrado de un Toledo lleno de espadas, las calles de Roma, los túneles venecianos. Al ver manejar una catana, o la ceremonia del té. Es esa sensación que te zarandea suplicando que despierte, o simplemente la sombra de un recuerdo que permanece a través del tiempo, algo que siento cuando estoy junto a mis amigos de la infancia, que siempre fuimos parte de una misma familia espiritual muy antigua. Es lo mismo que me ocurre desde pequeño contigo, y tú que lo sabes y yo que lo sé. Y lo que jode a veces.
Mirar el mar, las estrellas, los grandes espacios naturales, lo que fue siempre, en todas las vidas, desde que desafortunadamente para él, el hombre habitó este mundo, O, simplemente por justicia poética, por la responsabilidad que lo que hagamos ahora será la mierda que comamos en el futuro. Creo que una vida es muy cortita para poder desarrollar, aprender y finalmente entender el crisol de sabiduría y experiencia que se muestra ante nosotros; quizá el miedo o el sentido empírico de demostrar todo en base a la repetición nos esté alejando de nuestros sentimientos, de la percepción interna de las cosas de nuestros sueños conscientes.
Una vez soñé que hace mucho tiempo fuimos hermanos –quizá en la época de Adriano– cerca del Mediterráneo, no sé si en Italia o Grecia. Incluso entre la niebla te vi, cerca de una columnata, vestida con una túnica sencilla: cantabas. Siempre adoramos la música. Sé que nos quisimos durante toda la vida, y si apuras, pienso que compartimos algo que forma parte de nuestra propia naturaleza, que no me ha ocurrido salvo con muy pocas personas... por no decir ninguna. Pienso también que, en algún momento, o simplemente en muchos diferentes momentos, compartimos de una forma u otra la vida y que ese lazo, por paradójico que parezca, por mucho que las circunstancias nos separen, no se rompe: se hace más fuerte con el tiempo, y una parte de mi es más feliz por el simple hecho de saber que estás. Quizá sea una forma estúpida de intentar dar trascendencia a mis sentimientos y sentirme inmortal, o simplemente es la película construida por mis propias creencias.
No lo sé, pero un viento que parte del fondo de la historia me asegura que todo eso no es falso.
¿Y tú?
lunes, 10 de diciembre de 2007
Para sentirte feliz
Para reconocerte fuerte y que no cierres la mano con la sensación de que la arena se escapó y solo queda el viento, y para cantar alegrías que además del palo flamenco son esas cositas bonitas de la vida que a veces pasan y otras pasan, espero llamar en estas letras huérfanas a la esperanza, prima de la curiosidad y sobrina del beneficio de la duda.
No creas que el desierto en el que te sumerges está exento de vida. Puede que la aridez del terreno, junto con lo cambiante de las dunas, borren el paisaje para convertirlo en un mar doloroso pero, incluso, en ese páramo dónde te encuentras, luce un sol incandescente y muchos seres luchan para sobrevivir y cumplir con su ciclo de experiencias.
Por mucho que creas que perdiste el camino, estoy convencido de que a los lugares más bellos sólo se accede tras mucho tiempo de pérdidas. Algunas son necesarias, las menos; otras, son fruto de la elección propia y de la inevitable resultante de darte cuenta que uno y uno son dos extraños. En otras ocasiones, suman tres si cuentas los números de la agenda.
Nadie nos acompaña en este tránsito plagado de incertidumbre durante todo el tiempo. Hay muchas cosas que aprender y muchas personas con las que encontrarnos. Sabes que muchas veces tienes que escoger la senda tenebrosa y superar los miedos para poder continuar más libre. No sólo mudamos de piel. También lo hacemos de cargas y, por muy doloroso que parezca, el ciclo forma parte del maravilloso poder del cambio natural de lo falso a lo verdadero, de la semi oscuridad, a luz del candil. No te sientas siempre sólo porque, en el fondo, una parte de ti sabe que no lo estás. No te lamentes por escoger una senda equivocada, porque lo que encuentres no forma parte de tu naturaleza. Alégrate de que, por ahora, tenemos tiempo para tomar el rumbo que consideremos mejor. Por mucho amor que sientas, si has aceptado marcharte, haz tu equipaje de forma delicada. No es lo mismo una herida mortal que el corte del bisturí del cirujano. Las dos duelen pero el resultado es totalmente opuesto.
No te recrees en la tristeza. Olvida que venimos a este valle de lágrimas a sufrir. Así es como se condenan los conformistas a seguir siendo infelices; así es como se programan los robots, se silencias las revoluciones. Todos tenemos el derecho y el deber de buscar la felicidad sin paliativos y de la manera más extensa de la palabra. Si en esa búsqueda consigo incluir mucho, mejor. Así no solo encuentro si no que descubro.
Suéñate feliz. Recuerda todos los sitios que quedan por visitar, los amaneceres por vivir, la juergas por correrte y la música que vendrá para alegrar cada momento. No pienses que siempre será así, porque siempre es algo inexistente. Todo cambia. Para sentirte feliz es tan sencillo como sentarte a llorar y levantarte después para seguir caminando menos pesado. Es tan sencillo como sentirte querido y, si no lo sientes, si sufres por eso, me da igual quién seas. Yo te quiero, por que estamos más cerca de lo que piensas. Los dos necesitamos amor, simplemente, amor, sin género, ni número, ni edad.
Haz todo lo necesario para continuar luchando y no te lamentes por hacerlo. La lucha te puede llevar a ser un maestro en el arte de la guerra interior. Recuerda lo que escribió Borges: felices los felices. Lo demás, que venga, que lo estamos esperando.
No creas que el desierto en el que te sumerges está exento de vida. Puede que la aridez del terreno, junto con lo cambiante de las dunas, borren el paisaje para convertirlo en un mar doloroso pero, incluso, en ese páramo dónde te encuentras, luce un sol incandescente y muchos seres luchan para sobrevivir y cumplir con su ciclo de experiencias.
Por mucho que creas que perdiste el camino, estoy convencido de que a los lugares más bellos sólo se accede tras mucho tiempo de pérdidas. Algunas son necesarias, las menos; otras, son fruto de la elección propia y de la inevitable resultante de darte cuenta que uno y uno son dos extraños. En otras ocasiones, suman tres si cuentas los números de la agenda.
Nadie nos acompaña en este tránsito plagado de incertidumbre durante todo el tiempo. Hay muchas cosas que aprender y muchas personas con las que encontrarnos. Sabes que muchas veces tienes que escoger la senda tenebrosa y superar los miedos para poder continuar más libre. No sólo mudamos de piel. También lo hacemos de cargas y, por muy doloroso que parezca, el ciclo forma parte del maravilloso poder del cambio natural de lo falso a lo verdadero, de la semi oscuridad, a luz del candil. No te sientas siempre sólo porque, en el fondo, una parte de ti sabe que no lo estás. No te lamentes por escoger una senda equivocada, porque lo que encuentres no forma parte de tu naturaleza. Alégrate de que, por ahora, tenemos tiempo para tomar el rumbo que consideremos mejor. Por mucho amor que sientas, si has aceptado marcharte, haz tu equipaje de forma delicada. No es lo mismo una herida mortal que el corte del bisturí del cirujano. Las dos duelen pero el resultado es totalmente opuesto.
No te recrees en la tristeza. Olvida que venimos a este valle de lágrimas a sufrir. Así es como se condenan los conformistas a seguir siendo infelices; así es como se programan los robots, se silencias las revoluciones. Todos tenemos el derecho y el deber de buscar la felicidad sin paliativos y de la manera más extensa de la palabra. Si en esa búsqueda consigo incluir mucho, mejor. Así no solo encuentro si no que descubro.
Suéñate feliz. Recuerda todos los sitios que quedan por visitar, los amaneceres por vivir, la juergas por correrte y la música que vendrá para alegrar cada momento. No pienses que siempre será así, porque siempre es algo inexistente. Todo cambia. Para sentirte feliz es tan sencillo como sentarte a llorar y levantarte después para seguir caminando menos pesado. Es tan sencillo como sentirte querido y, si no lo sientes, si sufres por eso, me da igual quién seas. Yo te quiero, por que estamos más cerca de lo que piensas. Los dos necesitamos amor, simplemente, amor, sin género, ni número, ni edad.
Haz todo lo necesario para continuar luchando y no te lamentes por hacerlo. La lucha te puede llevar a ser un maestro en el arte de la guerra interior. Recuerda lo que escribió Borges: felices los felices. Lo demás, que venga, que lo estamos esperando.
martes, 4 de diciembre de 2007
Desde la locura
A veces llegan cartas del cielo y te abren un poquito esa parte consciente que se emociona, que no tiene edad y siempre supo apreciar lo bello, provenga de dónde provenga. El medio es indefinido. Puede ser una frase que leas y te descubra algo de ti o un mensaje, igual para todos, pero preciosamente diferente para el que lo recibe a tiempo.
Puedes estar andando por la calle absorto en lo que piensas, cargadito de problemas y descubrir algo más importante que te hace sentir mejor y más fuerte. Un solo detalle puede modificar la mayor de las tristezas y provocar un estallido de luz en las neuronas, cansadas del tedio de la rutina. Un pensamiento en medio de la noche que alguien, sin saberlo, nos envía provoca que la escritura automática de tu inconsciente reclame que la tinta no caiga en la enumeración de datos, sino que implora belleza como necesidad de supervivencia, cómo cicatrizante, como grito desesperado que libera.
Para no transitar en un baño de cuerpos, para suspender el alma en el nirvana de la iluminación momentánea, para no recurrir a la religión ni a la interpretación de las señales... Todo está dentro de mi mente y fuera recibo llamadas a los distintos hemisferios que me sustenta, golpes a la razón que estructura desde lo más tangible a nuestra propia parte líquida.
Quizá el cuerpo cree su propio sonido, el latir del corazón, el paso de la sangre, la glándulas segregando. Quizá la suma de nuestro propio mapa sonoro cree una melodía en consonancia con el universo. Quizá los colores más bellos los crean la neuronas al excitarse. Quizá los secretos de nuestra existencia se escondan en el núcleo de las neuronas, de las células, de los planetas, del Sol.
Desde el brillo de la Supernova, al púlsar que recorre el espacio, no existe el tamaño, todo está disgregado y unido a la vez. Quizá la gravedad sea sólo una forma de amor de la tierra que nos mantiene unidos para no perdernos. Quizá nuestros pensamientos positivos iluminen una zona desconocida y lleguen de nuevo a nosotros vestidos de cartas del cielo.
Puedes estar andando por la calle absorto en lo que piensas, cargadito de problemas y descubrir algo más importante que te hace sentir mejor y más fuerte. Un solo detalle puede modificar la mayor de las tristezas y provocar un estallido de luz en las neuronas, cansadas del tedio de la rutina. Un pensamiento en medio de la noche que alguien, sin saberlo, nos envía provoca que la escritura automática de tu inconsciente reclame que la tinta no caiga en la enumeración de datos, sino que implora belleza como necesidad de supervivencia, cómo cicatrizante, como grito desesperado que libera.
Para no transitar en un baño de cuerpos, para suspender el alma en el nirvana de la iluminación momentánea, para no recurrir a la religión ni a la interpretación de las señales... Todo está dentro de mi mente y fuera recibo llamadas a los distintos hemisferios que me sustenta, golpes a la razón que estructura desde lo más tangible a nuestra propia parte líquida.
Quizá el cuerpo cree su propio sonido, el latir del corazón, el paso de la sangre, la glándulas segregando. Quizá la suma de nuestro propio mapa sonoro cree una melodía en consonancia con el universo. Quizá los colores más bellos los crean la neuronas al excitarse. Quizá los secretos de nuestra existencia se escondan en el núcleo de las neuronas, de las células, de los planetas, del Sol.
Desde el brillo de la Supernova, al púlsar que recorre el espacio, no existe el tamaño, todo está disgregado y unido a la vez. Quizá la gravedad sea sólo una forma de amor de la tierra que nos mantiene unidos para no perdernos. Quizá nuestros pensamientos positivos iluminen una zona desconocida y lleguen de nuevo a nosotros vestidos de cartas del cielo.
lunes, 3 de diciembre de 2007
Incluso en estos tiempos
Hay promesas de paso, luces de colores que tiñen tu vida durante un tiempo y luego desaparecen para no regresar. Desgraciadamente, eso no ocurre con las luces navideñas que cada año encienden antes. Hay libros que revelan maldiciones, desastres futuros, el tan ansiado holocausto. Hoy, incluso en este momento, un grupo de visionarios se refugia en una cueva junto al Volga con cuatro toneladas de comida esperando que llegue el fin del mundo. La verdad es que si tuviera el menor resquicio de duda al respecto, lo que jamás haría es encerrarme para morir con un bote de Nocilla y sin pan de molde cerca.
Pero yo no dudo que caminamos hacia el fin, ya sea porque un loco de esos que nos sobran en el poder quiera probar el alcance de los nuevos misiles en el nombre de su dios, o de su dinero, o simplemente por el desgaste de millones de habitantes mirando su pijo y destrozando, fabricando, emitiendo y devastando.
Tampoco dudo en mi propio fin que se me asemeja al fin de los tiempos, por lo menos en lo que me concierne.
Y hablando de tiempo y fines, esta mañana me levanté en Lavapiés, donde malvive trapicheando uno de los tres reyes magos y acabé en medio de una niebla londinense delante del edificio, cárcel voluntaria, dónde trabajo. De nuevo, un atentado horrible durante el fin de semana, el centro atestado de peña comprando y esa sensación extraña que me produce la avalancha humana cuando cada año te sientes menos identificado con las fiestas populares y más con las de dos que, ocasionalmente, me regalan los dioses. Menos con la sociedad y más con la jungla.
No quiero hacer balance del año, primero por que casi me queda un mes por vivir y aguantar la náusea de los villancicos cantados con voz de eunuco, las mesas repletas de animales muertos, el precio de los regalos por las nubes… Y teniendo en cuenta a la ostia que se producen las cosas en mi vida, un mes puede ser mucho para cantar victoria. Además, prefiero terminarlo con una fiesta en el sitio que sea, alzaré mi copa por el final del 2007, uno de los mejores brindis que me depara este año, que llamaré Terribilis por toda la bilis que me ocasionó. Me queda un mes para mandarte a tomar por el culo 2007.
Sé que puede ser peor. Eso ya lo he aprendido, pero igual funciona la probabilidad y de tanto puteo, cambia el sino y viene algo bueno. Igual el año que viene llega el ejército de ángeles del cielo y nos extermina por cabrones al ritmo de las trompetas del juicio final, tocando la melodía de los payasos de la tele: “había una vez...”
Voy a intentar escapar de todo esto y terminar el año de cualquier manera menos viendo a Ramonchu con el vestuario del conde Dracula despidiendo el año y memorizando el número de campanadas, no sea que volvamos a cagarla en el recuento de los cuartos más doce.
A mi nunca me sobraron uvas, no me faltó algo de oro en la copa, besé primero a un hombre, llevé un lazo y rosa y los gallumbos rojos nuevos. Visto lo visto, espero este año empezarlo follando al ritmo de las campanadas. No se si traerá buena o mala suerte, pero seguro que es más divertido.
¡Hale! ¡A beber más que los peces en el río!
Pero yo no dudo que caminamos hacia el fin, ya sea porque un loco de esos que nos sobran en el poder quiera probar el alcance de los nuevos misiles en el nombre de su dios, o de su dinero, o simplemente por el desgaste de millones de habitantes mirando su pijo y destrozando, fabricando, emitiendo y devastando.
Tampoco dudo en mi propio fin que se me asemeja al fin de los tiempos, por lo menos en lo que me concierne.
Y hablando de tiempo y fines, esta mañana me levanté en Lavapiés, donde malvive trapicheando uno de los tres reyes magos y acabé en medio de una niebla londinense delante del edificio, cárcel voluntaria, dónde trabajo. De nuevo, un atentado horrible durante el fin de semana, el centro atestado de peña comprando y esa sensación extraña que me produce la avalancha humana cuando cada año te sientes menos identificado con las fiestas populares y más con las de dos que, ocasionalmente, me regalan los dioses. Menos con la sociedad y más con la jungla.
No quiero hacer balance del año, primero por que casi me queda un mes por vivir y aguantar la náusea de los villancicos cantados con voz de eunuco, las mesas repletas de animales muertos, el precio de los regalos por las nubes… Y teniendo en cuenta a la ostia que se producen las cosas en mi vida, un mes puede ser mucho para cantar victoria. Además, prefiero terminarlo con una fiesta en el sitio que sea, alzaré mi copa por el final del 2007, uno de los mejores brindis que me depara este año, que llamaré Terribilis por toda la bilis que me ocasionó. Me queda un mes para mandarte a tomar por el culo 2007.
Sé que puede ser peor. Eso ya lo he aprendido, pero igual funciona la probabilidad y de tanto puteo, cambia el sino y viene algo bueno. Igual el año que viene llega el ejército de ángeles del cielo y nos extermina por cabrones al ritmo de las trompetas del juicio final, tocando la melodía de los payasos de la tele: “había una vez...”
Voy a intentar escapar de todo esto y terminar el año de cualquier manera menos viendo a Ramonchu con el vestuario del conde Dracula despidiendo el año y memorizando el número de campanadas, no sea que volvamos a cagarla en el recuento de los cuartos más doce.
A mi nunca me sobraron uvas, no me faltó algo de oro en la copa, besé primero a un hombre, llevé un lazo y rosa y los gallumbos rojos nuevos. Visto lo visto, espero este año empezarlo follando al ritmo de las campanadas. No se si traerá buena o mala suerte, pero seguro que es más divertido.
¡Hale! ¡A beber más que los peces en el río!
viernes, 30 de noviembre de 2007
Viernes más viernes menos
Entrar en tus pensamientos, es encender la luz de un hotel de carretera ardiendo, lleno de parejas gimiendo de placer. Luego la apagas y te dejas querer como sólo los que reconocen un refugio inseguro saben hacerlo.
Hacerte el amor es como entrar en una playa de una isla poblada por adolescentes curiosas, dónde incluso las olas te ponen cachondo. Luego se desata la bestia, la que, al amanecer, aprieta por que sabe que queda poco, la música rompiendo todo menos tus gritos, y el desayuno servido rápido para el último antes de marcharnos.
Ni te conozco ni quiero hacerlo. Con saber como bailas samba me basta. Luego le pongo nombre al deseo y dejo de saborearlo tanto; se ama más intensamente cuando sabes que el cuerpo que te hunde las uñas en la espalda, después desaparece para que tengas el resto del tiempo para preguntarte si fue real lo vivido o es falso el resto de lo que pasó por tu cama.
Tranquilo, animal, que ya tienes tu parte por un tiempo.
Que gire la vida que, como siga así, me alojo una cámara en el hombro porque como cuente todo lo que me pasa pierdo la escasa credibilidad que me queda.
Bueno mejor no lo grabo, me lo reservo que así mola más.
No aparezcas más que no puedo moverme y tu casi no podías bajar las escaleras...
Hacerte el amor es como entrar en una playa de una isla poblada por adolescentes curiosas, dónde incluso las olas te ponen cachondo. Luego se desata la bestia, la que, al amanecer, aprieta por que sabe que queda poco, la música rompiendo todo menos tus gritos, y el desayuno servido rápido para el último antes de marcharnos.
Ni te conozco ni quiero hacerlo. Con saber como bailas samba me basta. Luego le pongo nombre al deseo y dejo de saborearlo tanto; se ama más intensamente cuando sabes que el cuerpo que te hunde las uñas en la espalda, después desaparece para que tengas el resto del tiempo para preguntarte si fue real lo vivido o es falso el resto de lo que pasó por tu cama.
Tranquilo, animal, que ya tienes tu parte por un tiempo.
Que gire la vida que, como siga así, me alojo una cámara en el hombro porque como cuente todo lo que me pasa pierdo la escasa credibilidad que me queda.
Bueno mejor no lo grabo, me lo reservo que así mola más.
No aparezcas más que no puedo moverme y tu casi no podías bajar las escaleras...
jueves, 29 de noviembre de 2007
Vivir de sueños
Vivimos como podemos, colgados de un hilo invisible que une lo que ocurre con la esperanza.
Vivimos de sueños que, por lo general, no se cumplen. De estaciones que cambian: puede ser invierno y sentir la primavera en el corazón que grita que la vida está a punto de estallar y llenar de colores la realidad grisácea. Podemos encontrar la belleza en los sitios inmensos y en la más pequeña de las sonrisas, como si el universo entero conectara la felicidad para seguir sintiendo, como si los planetas giraran la danza de una música inaudible que navega el espacio y crea el ritmo de la vida. Vivimos entre el ruido, las carreras, las personas, los deberes, las heridas, disfrazados de nosotros mismos, reinventando a cada paso el paso siguiente. La música que escucho es la banda sonora de mi vida.
Vivimos rápido y, a veces, en medio del infierno, te descubres más fuerte con más sueños que nunca. Vivimos encerrados en el pensamiento, en la percepción de las cosas, pendientes del móvil, de las llaves, de las facturas, de la salud, de los amigos, de las pérdidas, los aciertos. Vivimos a la velocidad de la vida que nos imponemos, que no tiene nada que ver con los días, con los años, con las horas, que apenas existen cuando sientes muy dentro de ti que todo, incluso el golpeteo de las teclas, ya no existe.
Vivimos escribiendo el papel que improvisamos. No soy ni el rey ni el mendigo, no soy el que trabaja ni el que come, no soy el que duerme y se lava. Soy sólo lo que me hace más grande, lo que con el pasar recuerdo. No soy la voz que clama en este desierto de cemento y multinacionales.
Soy el que busca la belleza en este rastrillo de oportunidades, de vanidades, en el todo a cien de los corazones rotos, entre el golpeteo de las armaduras, acompañado de los que nos reconocemos a la sombra de las estrellas.
Soy el que espera y observa y, en medio de la noche, tiende la mano a las tinieblas, esperando que un corazón sincero la agarre para escribir un relato de amor en esta tragicomedia.
Vivimos de sueños que, por lo general, no se cumplen. De estaciones que cambian: puede ser invierno y sentir la primavera en el corazón que grita que la vida está a punto de estallar y llenar de colores la realidad grisácea. Podemos encontrar la belleza en los sitios inmensos y en la más pequeña de las sonrisas, como si el universo entero conectara la felicidad para seguir sintiendo, como si los planetas giraran la danza de una música inaudible que navega el espacio y crea el ritmo de la vida. Vivimos entre el ruido, las carreras, las personas, los deberes, las heridas, disfrazados de nosotros mismos, reinventando a cada paso el paso siguiente. La música que escucho es la banda sonora de mi vida.
Vivimos rápido y, a veces, en medio del infierno, te descubres más fuerte con más sueños que nunca. Vivimos encerrados en el pensamiento, en la percepción de las cosas, pendientes del móvil, de las llaves, de las facturas, de la salud, de los amigos, de las pérdidas, los aciertos. Vivimos a la velocidad de la vida que nos imponemos, que no tiene nada que ver con los días, con los años, con las horas, que apenas existen cuando sientes muy dentro de ti que todo, incluso el golpeteo de las teclas, ya no existe.
Vivimos escribiendo el papel que improvisamos. No soy ni el rey ni el mendigo, no soy el que trabaja ni el que come, no soy el que duerme y se lava. Soy sólo lo que me hace más grande, lo que con el pasar recuerdo. No soy la voz que clama en este desierto de cemento y multinacionales.
Soy el que busca la belleza en este rastrillo de oportunidades, de vanidades, en el todo a cien de los corazones rotos, entre el golpeteo de las armaduras, acompañado de los que nos reconocemos a la sombra de las estrellas.
Soy el que espera y observa y, en medio de la noche, tiende la mano a las tinieblas, esperando que un corazón sincero la agarre para escribir un relato de amor en esta tragicomedia.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Lo fácil y lo difícil
Cómo puedes explicar que la vida es algo maravilloso para todos los seres que la poseen y levantar con eso una diferencia.
Cómo puedes explicar que la raza, el país del que provienes, la religión que profesas y el nivel de riqueza viene predeterminado; que, en el fondo, no podemos darle valor a los actos que no escogimos; que el hambre y el sufrimiento es igual para todos y no entiende de nacionalidad o condición; que, si no hay sitio para todos, no merece la pena el mundo que estamos construyendo.
Cómo puedes hacer entender que el amor forma parte de lo sagrado, del territorio personal y que es mejor no pronunciarlo si no lo sentimos, que es mejor convivir con la duda que regalar certezas efímeras; que follar por follar es tan bueno como sano y las cosas por su nombre se reconocen mejor; que son igual de importantes nuestros sentimientos que los de la persona que tenemos delante; que disfrazar la verdad para que parezca más bella conduce a la pérdida de lo bello.
Cómo explicar que no hay posesión material que valga más que quién la posee; que no se trata de sumar, sino de igualar en la felicidad; que, cuando menos tuve, más feliz fui; que cualquier tiempo pasado es tiempo pasado y lo importante es sumar experiencias y no apuntar el rastro de dolor que nos infringieron para después cobrarlo con creces.
Cómo puede ser que buscando paz encuentre guerra, buscando amor encuentre soledad, buscando vivir encuentre exigencias continuas y lo más sagrado, que es el tiempo, lo valoremos por lo que conseguimos y no por lo que vivimos, y pasar pasando sin mirar, para ver menos y engañarnos más felices.
Cómo puedes explicar que la raza, el país del que provienes, la religión que profesas y el nivel de riqueza viene predeterminado; que, en el fondo, no podemos darle valor a los actos que no escogimos; que el hambre y el sufrimiento es igual para todos y no entiende de nacionalidad o condición; que, si no hay sitio para todos, no merece la pena el mundo que estamos construyendo.
Cómo puedes hacer entender que el amor forma parte de lo sagrado, del territorio personal y que es mejor no pronunciarlo si no lo sentimos, que es mejor convivir con la duda que regalar certezas efímeras; que follar por follar es tan bueno como sano y las cosas por su nombre se reconocen mejor; que son igual de importantes nuestros sentimientos que los de la persona que tenemos delante; que disfrazar la verdad para que parezca más bella conduce a la pérdida de lo bello.
Cómo explicar que no hay posesión material que valga más que quién la posee; que no se trata de sumar, sino de igualar en la felicidad; que, cuando menos tuve, más feliz fui; que cualquier tiempo pasado es tiempo pasado y lo importante es sumar experiencias y no apuntar el rastro de dolor que nos infringieron para después cobrarlo con creces.
Cómo puede ser que buscando paz encuentre guerra, buscando amor encuentre soledad, buscando vivir encuentre exigencias continuas y lo más sagrado, que es el tiempo, lo valoremos por lo que conseguimos y no por lo que vivimos, y pasar pasando sin mirar, para ver menos y engañarnos más felices.
lunes, 26 de noviembre de 2007
Déjate lleva un poco por la corriente
No te cuestiones cada recodo del camino. No es posible analizarlo todo, obtener respuestas inmediatas de un futuro que siquiera sabes cómo se desarrollará. La mejor forma de sentirte mejor no es buscar una bocanada de aire, una solución inmediata de tu vida, pues seguramente si ocurre eso caería el telón. La mejor forma es ayudar y dejar de mirar sólo a nuestros problemas, nuestro estado de ánimo. Hay muchísimas razones. La vida duele para levantarse y poner en marcha esa parte escondida, que sufre mucho más que la personalidad, mucho más que sentirte querido, algo que también es transitorio y está compuesto de la materia de la ilusión.
Hay una parte que desteta las continuas injusticias, que no entiende de clases ni de normas impuestas, que es sensible al sufrimiento ajeno, y que te repite muchas noches en silencio que, por escasa que sea la contribución personal que estés dispuesto a hacer, el mundo necesita que lo cambien. Las personas, los animales, la naturaleza, el planeta, está sufriendo, está muriendo y necesita que, en medio de todo este caos, dejemos de pensar sólo en nuestros problemas y nos pongamos en marcha.
Trabajar por los animales es la mayor felicidad que últimamente me ha deparado la vida. Siempre que hago algo, por poco que sea (poner un vídeo, repartir un periódico, pegar algún cartel, dar alguna charla, diseñar algo), me olvido de mis problemas inmediatos y me quedo con la grata sensación de sentirme mejor, menos deprimido y con ganas de seguir luchando por lo mucho por hacer y por lo precioso que es el escaso tiempo del que dispongo para cambiar las cosas.
Si sueño con un mundo mejor, sólo puedo hacer una cosa: levantarme y luchar. Mientras alguien sufra, se sienta abandonado o no disponga de alimento y cobijo necesario, mientras alguien nos tienda su mano buscando salir del agujero que sea, hay una razón mejor que mirar continuamente mi polla y lamentarme. Esa medicina no lo cura todo, pero ayer dormí muy bien, como hacía meses que no lo hacía.
Hay una parte que desteta las continuas injusticias, que no entiende de clases ni de normas impuestas, que es sensible al sufrimiento ajeno, y que te repite muchas noches en silencio que, por escasa que sea la contribución personal que estés dispuesto a hacer, el mundo necesita que lo cambien. Las personas, los animales, la naturaleza, el planeta, está sufriendo, está muriendo y necesita que, en medio de todo este caos, dejemos de pensar sólo en nuestros problemas y nos pongamos en marcha.
Trabajar por los animales es la mayor felicidad que últimamente me ha deparado la vida. Siempre que hago algo, por poco que sea (poner un vídeo, repartir un periódico, pegar algún cartel, dar alguna charla, diseñar algo), me olvido de mis problemas inmediatos y me quedo con la grata sensación de sentirme mejor, menos deprimido y con ganas de seguir luchando por lo mucho por hacer y por lo precioso que es el escaso tiempo del que dispongo para cambiar las cosas.
Si sueño con un mundo mejor, sólo puedo hacer una cosa: levantarme y luchar. Mientras alguien sufra, se sienta abandonado o no disponga de alimento y cobijo necesario, mientras alguien nos tienda su mano buscando salir del agujero que sea, hay una razón mejor que mirar continuamente mi polla y lamentarme. Esa medicina no lo cura todo, pero ayer dormí muy bien, como hacía meses que no lo hacía.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Antes de que llegues
No se realmente si te conozco, si estás escondida o, simplemente, vives otro momento y otra experiencia, pero antes de que llegues y sea demasiado tarde dar aclaraciones innecesarias, quiero describir sólo una cosa muy difícil de antemano, no en la comprensión, pero sí en la praxis: mi forma de amar.
Durante muchos años he estado acompañado por personas que convivieron conmigo, las amé con todo mi corazón y una parte de mi las querrá siempre, no solo por lo que fueron en el pasado, sino porque el presente y lo que soy, en gran parte, está determinado, para bien o para mal, por esas experiencias que, a la larga, me ayudaron a trazar un mapa de lo que tenía que vivir para crecer.
Puedo confesar con toda tranquilidad que experimenté con toda la intensidad y la veracidad de la que disponía en ese momento. Nunca busqué a alguien a mi lado. La vida se encargó de que me llegara, a veces, de la forma más increíble. Casualmente, mi mundo sentimental está marcado por lo que denomino la ‘maldición de Acuario’. Rara es la vez que alguien de otro signo se acercara y, para ser sincero, no he visto una tipología más libre, inteligente y jodidamente complicada que las chicas de este signo.
Pasé por todas las fases. Desde el celoso adolescente, compulsivo, inmaduro y un poco gilipollas, al adulto irresponsable. Desgraciadamente, cuando decidí que era el momento de adquirir compromisos, la vida me enseñó que muchas veces compartimos experiencias pero una decisión puede originar una catarsis del destino. Cuando pisas el acelerador puedes llegar a sitios inesperados, a verte solo o a comprender que, en lo que tu creías, formaba parte un imaginario amor inmortal, y éste pasó como pasan los años, en los que aparentemente todo permanece y cambia a la vez.
¿Cambiamos?
La esencia, el alma y el caracter no cambia, pero todas nuestras células lo hacen constantemente. No existe la permanencia en la naturaleza. Al igual que la energía de la existencia cambia, las personas que nos acompañan cambian, nosotros cambiamos, y el sueño del amor permanece para quién lo vive o lo anhela. Permanece para los que creemos que lo mejor está esperándonos a la vuelta de la esquina, cuando más perdidos estemos, cuando la renuncia sustituya a la búsqueda. He aprendido que, cuando algo ya no me importa, lo consigo, y que es más fácil aprender que cambiar.
Ya no espero un amor inmortal. Tampoco espero disgregarme en soledad con el paso de los años. Espero que esa luz que no veo, aparezca. La cantidad de tiempo que permanezca junto a mi, me da igual. Lo que le pido es que, lo que viva, sea real, que las palabras den paso a los actos. Espero que quién me acompañe tenga una parte animal, adore la música, tenga inclinaciones espirituales, aprenda a querer a mis amigos y, si puede ser, se siente con mi tribu a tocar los tambores frente al mar. Además, que trabaje para ayudar a cambiar las cosas y entienda que lo que espero, más que grandes logros, es que me acompañe en la lucha para llegar al sol, o para irnos a la mierda si es necesario.
Por último, recurro a algo que escribí hace unos años y que en esencia me describe:
“Me reservas la cara oculta de la luna. La visible es bella pero más efímera, menos imaginativa. Siempre he preferido los espacios por descubrir. Vagar errante tiene ciertas premisas y creo cumplo bastantes. La edad indefinida, el aspecto más fiero que la realidad, la estatura mediocre, más atractivo por lo optimista que por lo bello, delgado de correrías y buenas juergas, gordo de pasta y buen vino, un corazón apátrida con el rugido de los mares del sur en su interior, pocas cicatrices externas y el alma de un pirata gregario, a veces de antaño, y a veces por estrenar.
El entusiasmo a flor de piel, equipaje indispensable, mucha música, payaso por reservado, por lo general falto de sueño, mi única patria lo sabes… tus caderas y el mar.
Te busco desde hace más tiempo que el que es capaz de catalogar mi recuerdo. Llevo 35 años pisando arenas movedizas. Tiendo a estacionarme en el olvido. Reviso atardeceres. Mi oficio ideal es contar olas. Me apenan las flores que mueren en el asfalto. Pierdo a jirones trozos de vida cada año (la intensidad siempre se cobró su precio). Mato mis fantasmas con letra impresa. Ex convicto de tus besos, navego sin bandera a la izquierda de Dios y a la derecha de Baco, rumbo a Venus. Creo que, por eso, me cuesta tanto encontrar la senda de conduce a tu alcoba.
Te vi, te rocé o creí verte en otras mujeres. El tiempo se encargó de demostrarme tu ausencia. No puedo entenderlo, pero cada rasguño en el miocardio tiene un nombre, muchos momentos y un sabor amargo. No espero piedad ni gloria, prefiero que no me toquen los cojones a disfrutar de cinco minutos de victoria efímera. Suplo con humanidad mi falta de inteligencia y aunque, a priori, no lo demuestre ,no tengo ni puta idea de cómo funcionan las bambalinas de este gran teatro de lo absurdo. Me describo para no borrarme, para dejar que caigan los dogmas por su propio peso. Quien tenga el mapa, por favor, muéstreme el camino del país de nunca jamás, pues necesito reunirme con un montón de desconocidos que amo. El oficio de la caballería andante no tiene muchas prestaciones sociales, el sueldo suele ser miserable en comparación a la veces que nos exigen bajar la testuz, y estoy un poquito cansado del minutero y, sobre todo, del hijo de puta del segundero, que corre lentamente, tic, tac, mientras espero anclado a mi nave errante a que aparezcas".
Durante muchos años he estado acompañado por personas que convivieron conmigo, las amé con todo mi corazón y una parte de mi las querrá siempre, no solo por lo que fueron en el pasado, sino porque el presente y lo que soy, en gran parte, está determinado, para bien o para mal, por esas experiencias que, a la larga, me ayudaron a trazar un mapa de lo que tenía que vivir para crecer.
Puedo confesar con toda tranquilidad que experimenté con toda la intensidad y la veracidad de la que disponía en ese momento. Nunca busqué a alguien a mi lado. La vida se encargó de que me llegara, a veces, de la forma más increíble. Casualmente, mi mundo sentimental está marcado por lo que denomino la ‘maldición de Acuario’. Rara es la vez que alguien de otro signo se acercara y, para ser sincero, no he visto una tipología más libre, inteligente y jodidamente complicada que las chicas de este signo.
Pasé por todas las fases. Desde el celoso adolescente, compulsivo, inmaduro y un poco gilipollas, al adulto irresponsable. Desgraciadamente, cuando decidí que era el momento de adquirir compromisos, la vida me enseñó que muchas veces compartimos experiencias pero una decisión puede originar una catarsis del destino. Cuando pisas el acelerador puedes llegar a sitios inesperados, a verte solo o a comprender que, en lo que tu creías, formaba parte un imaginario amor inmortal, y éste pasó como pasan los años, en los que aparentemente todo permanece y cambia a la vez.
¿Cambiamos?
La esencia, el alma y el caracter no cambia, pero todas nuestras células lo hacen constantemente. No existe la permanencia en la naturaleza. Al igual que la energía de la existencia cambia, las personas que nos acompañan cambian, nosotros cambiamos, y el sueño del amor permanece para quién lo vive o lo anhela. Permanece para los que creemos que lo mejor está esperándonos a la vuelta de la esquina, cuando más perdidos estemos, cuando la renuncia sustituya a la búsqueda. He aprendido que, cuando algo ya no me importa, lo consigo, y que es más fácil aprender que cambiar.
Ya no espero un amor inmortal. Tampoco espero disgregarme en soledad con el paso de los años. Espero que esa luz que no veo, aparezca. La cantidad de tiempo que permanezca junto a mi, me da igual. Lo que le pido es que, lo que viva, sea real, que las palabras den paso a los actos. Espero que quién me acompañe tenga una parte animal, adore la música, tenga inclinaciones espirituales, aprenda a querer a mis amigos y, si puede ser, se siente con mi tribu a tocar los tambores frente al mar. Además, que trabaje para ayudar a cambiar las cosas y entienda que lo que espero, más que grandes logros, es que me acompañe en la lucha para llegar al sol, o para irnos a la mierda si es necesario.
Por último, recurro a algo que escribí hace unos años y que en esencia me describe:
“Me reservas la cara oculta de la luna. La visible es bella pero más efímera, menos imaginativa. Siempre he preferido los espacios por descubrir. Vagar errante tiene ciertas premisas y creo cumplo bastantes. La edad indefinida, el aspecto más fiero que la realidad, la estatura mediocre, más atractivo por lo optimista que por lo bello, delgado de correrías y buenas juergas, gordo de pasta y buen vino, un corazón apátrida con el rugido de los mares del sur en su interior, pocas cicatrices externas y el alma de un pirata gregario, a veces de antaño, y a veces por estrenar.
El entusiasmo a flor de piel, equipaje indispensable, mucha música, payaso por reservado, por lo general falto de sueño, mi única patria lo sabes… tus caderas y el mar.
Te busco desde hace más tiempo que el que es capaz de catalogar mi recuerdo. Llevo 35 años pisando arenas movedizas. Tiendo a estacionarme en el olvido. Reviso atardeceres. Mi oficio ideal es contar olas. Me apenan las flores que mueren en el asfalto. Pierdo a jirones trozos de vida cada año (la intensidad siempre se cobró su precio). Mato mis fantasmas con letra impresa. Ex convicto de tus besos, navego sin bandera a la izquierda de Dios y a la derecha de Baco, rumbo a Venus. Creo que, por eso, me cuesta tanto encontrar la senda de conduce a tu alcoba.
Te vi, te rocé o creí verte en otras mujeres. El tiempo se encargó de demostrarme tu ausencia. No puedo entenderlo, pero cada rasguño en el miocardio tiene un nombre, muchos momentos y un sabor amargo. No espero piedad ni gloria, prefiero que no me toquen los cojones a disfrutar de cinco minutos de victoria efímera. Suplo con humanidad mi falta de inteligencia y aunque, a priori, no lo demuestre ,no tengo ni puta idea de cómo funcionan las bambalinas de este gran teatro de lo absurdo. Me describo para no borrarme, para dejar que caigan los dogmas por su propio peso. Quien tenga el mapa, por favor, muéstreme el camino del país de nunca jamás, pues necesito reunirme con un montón de desconocidos que amo. El oficio de la caballería andante no tiene muchas prestaciones sociales, el sueldo suele ser miserable en comparación a la veces que nos exigen bajar la testuz, y estoy un poquito cansado del minutero y, sobre todo, del hijo de puta del segundero, que corre lentamente, tic, tac, mientras espero anclado a mi nave errante a que aparezcas".
miércoles, 21 de noviembre de 2007
No voy a regresar a la estación de la tristeza
No voy a regalarte el corazón
No voy a negar que de nuevo te quise, pero eso sólo me importa a mí.
Siempre hay una nueva razón para continuar andando. La mía, en muchas ocasiones, es difusa. Esta mañana encontré una canción bonita de Ben Harper & Jack Johnson. Creo que eso es suficiente para darla como válida. El resto tendré que trabajarlo, ratito a ratito. Ya he escrito mucho desde y sobre la tristeza y es por eso que llevo unos días sin publicar en el blog; no porque no escriba -a estas alturas es parte del código personal de supervivencia-, sino porque hay cosas en las que es mejor no solazarse. Y poquito más. No es que la musa enmudezca, es que grita demasiado dentro de mi cabeza.
Ayer me mandaron un mensaje los Dioses que decía "esperanza". Creo que es cierto que es lo último que se pierde y creo que, por esa misma razón, es lo que me queda. El resto es tirar de la madeja de los días para ver qué me espera: si abro la mano y encuentro, en medio de todo este caos, una estrella que siga iluminando; si oriento mi vida en otra dirección y, por fin, acabo contando olas en el mar, o si continúo a la sombra de mi destino escondido en mi trabajo, en mi barrio y en una vida que, inconsciente, acepté, sabe dios en qué momento. Mientras, todo da un poco igual o, por lo menos, trato de que así sea. En fin. Hay días y ese es uno de ellos. Agarro fuerte la espada y sigo caminando. Habrá que crecer...
No voy a negar que de nuevo te quise, pero eso sólo me importa a mí.
Siempre hay una nueva razón para continuar andando. La mía, en muchas ocasiones, es difusa. Esta mañana encontré una canción bonita de Ben Harper & Jack Johnson. Creo que eso es suficiente para darla como válida. El resto tendré que trabajarlo, ratito a ratito. Ya he escrito mucho desde y sobre la tristeza y es por eso que llevo unos días sin publicar en el blog; no porque no escriba -a estas alturas es parte del código personal de supervivencia-, sino porque hay cosas en las que es mejor no solazarse. Y poquito más. No es que la musa enmudezca, es que grita demasiado dentro de mi cabeza.
Ayer me mandaron un mensaje los Dioses que decía "esperanza". Creo que es cierto que es lo último que se pierde y creo que, por esa misma razón, es lo que me queda. El resto es tirar de la madeja de los días para ver qué me espera: si abro la mano y encuentro, en medio de todo este caos, una estrella que siga iluminando; si oriento mi vida en otra dirección y, por fin, acabo contando olas en el mar, o si continúo a la sombra de mi destino escondido en mi trabajo, en mi barrio y en una vida que, inconsciente, acepté, sabe dios en qué momento. Mientras, todo da un poco igual o, por lo menos, trato de que así sea. En fin. Hay días y ese es uno de ellos. Agarro fuerte la espada y sigo caminando. Habrá que crecer...
lunes, 19 de noviembre de 2007
Vamos empatados
Tu, el que te descojonas desde el lado salvaje del espejo, y yo, siempre buscando una pluma más por el camino para que termine de ganarme de nuevos las alas y mandarlo todo a tomar por el culo. Lo siento por los escépticos pero lo ángeles modernos bebemos ron como los piratas, visitamos ciertas alcobas y nos está permitido decir un número indeterminado de tacos. Claro que, esto no es el objeto de nuestro cometido, la verdad, estamos bastantes repartidos.
Están los de los animales, los que se dedican a ayudar a los más indefensos. Son los más locos de todos, siempre comiéndose las flores, los vegetales, los verdecitos por fuera y muy cabreados por dentro, siempre a la gresca por toda la incomprensión que ven por su causa, muy duros y se deshacen delante de una pobre gatita indefensa.
Esos lucharon mucho en la caída. Decían que estaban hartos de las clases y los cielos llenos de estrato y salas VIP, dónde cabían muy pocos y el resto, los más, se quedaban fuera.
Luego están los que, accidentalmente, te acogen para ponerte una copa más, o subirte a un taxi, o jugar cuatro horas seguidas a la play sin parar de descojonarse, los que no te cierran la puerta en la cara y que, si pueden, le ceden el asiento del bus a las señoras de tercera/cuarta edad y las tías buenas, claro.
Están los que te echan un buen polvo cuando la pasión se la comió la tele, o solamente te sonríen de paso, en un vagón de tren, un segundo, sólo un segundo y te olvidas del lunes cabrón y de que estás dentro del metro.
Están las que se dan la vuelta, te miran el examen, sonríen y te pasan un par de preguntas, y tu te quedas pensando que lo que más les importa es que te des cuenta de lo mucho que saben. Reparten café entre los mendigos, cada noche a la misma hora. Esas son las de sexo femenino. Entre nosotros la llamamos las ciencias exactas porque NO DUDAN EN TODO MOMENTO DE CUAL ES EL CAMINO MÁS CORTO PARA LLEGAR A SUBIR DE RANGO. Fíjense lo nervioso que me ponen que escribo en caja alta. Estos son los llamados ángeles sociales. En realidad, evitan miles de suicidios al año, son adictos a las fiestas, al mar, a la compañía de los de su mismo grupo, que son pocos, muy eficaces, y totalmente locos.
De los otros no me está permitido revelar mucho. En primer lugar, porque, dicha sea la verdad, tengo bastante poca información al respecto, y la segunda porque, por lo general, pertenecen a las esferas de poder, son dirigentes de organizaciones dedicadas a salvaguardar derechos. Son muy pocos y muy bien preparados, se camuflan durante mucho tiempo y, aún así, de vez en cuando, perdemos alguno por la presión a la que están sometidos. Éstos, en la lucha de la caída, fueron generales, pero les perdió su propia vanidad y dejaron escapar un grupo de vencidos, que se instauraron en un planeta azul y, por eso, estamos todos, aquí, en la tierra, los vencedores, los vencidos, los hombres y los camuflados, para que rasques el cromo y adivines si sale el 8 ó el 666.
Están los de los animales, los que se dedican a ayudar a los más indefensos. Son los más locos de todos, siempre comiéndose las flores, los vegetales, los verdecitos por fuera y muy cabreados por dentro, siempre a la gresca por toda la incomprensión que ven por su causa, muy duros y se deshacen delante de una pobre gatita indefensa.
Esos lucharon mucho en la caída. Decían que estaban hartos de las clases y los cielos llenos de estrato y salas VIP, dónde cabían muy pocos y el resto, los más, se quedaban fuera.
Luego están los que, accidentalmente, te acogen para ponerte una copa más, o subirte a un taxi, o jugar cuatro horas seguidas a la play sin parar de descojonarse, los que no te cierran la puerta en la cara y que, si pueden, le ceden el asiento del bus a las señoras de tercera/cuarta edad y las tías buenas, claro.
Están los que te echan un buen polvo cuando la pasión se la comió la tele, o solamente te sonríen de paso, en un vagón de tren, un segundo, sólo un segundo y te olvidas del lunes cabrón y de que estás dentro del metro.
Están las que se dan la vuelta, te miran el examen, sonríen y te pasan un par de preguntas, y tu te quedas pensando que lo que más les importa es que te des cuenta de lo mucho que saben. Reparten café entre los mendigos, cada noche a la misma hora. Esas son las de sexo femenino. Entre nosotros la llamamos las ciencias exactas porque NO DUDAN EN TODO MOMENTO DE CUAL ES EL CAMINO MÁS CORTO PARA LLEGAR A SUBIR DE RANGO. Fíjense lo nervioso que me ponen que escribo en caja alta. Estos son los llamados ángeles sociales. En realidad, evitan miles de suicidios al año, son adictos a las fiestas, al mar, a la compañía de los de su mismo grupo, que son pocos, muy eficaces, y totalmente locos.
De los otros no me está permitido revelar mucho. En primer lugar, porque, dicha sea la verdad, tengo bastante poca información al respecto, y la segunda porque, por lo general, pertenecen a las esferas de poder, son dirigentes de organizaciones dedicadas a salvaguardar derechos. Son muy pocos y muy bien preparados, se camuflan durante mucho tiempo y, aún así, de vez en cuando, perdemos alguno por la presión a la que están sometidos. Éstos, en la lucha de la caída, fueron generales, pero les perdió su propia vanidad y dejaron escapar un grupo de vencidos, que se instauraron en un planeta azul y, por eso, estamos todos, aquí, en la tierra, los vencedores, los vencidos, los hombres y los camuflados, para que rasques el cromo y adivines si sale el 8 ó el 666.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Para que amanezca
Estoy poniendo en orden los trozos del pasado que quedan en mi vida. Durante un tiempo, pensé que vivía en el Titanic, entre los restos de un naufragio en el que una parte de mi zozobró. Esa parte apostó el corazón y todo lo que tenía para armar un barco y tomar una dirección muy grande, un camino que unía Europa con América, el tambor Africano con el Sambero. Y viví cosas muy bonitas, encontré a Dios en una selva rota por unas cataratas que te hacían sentir muy pequeño y muy grande a la vez. También aprendí a entender un idioma diferente y otra forma de vida dónde, por lo general, las personas son muy pobres y muy felices, beben agua de coco y los niños juegan todo el día en la calle, muy morenos y con los ojos muy grandes y profundos, tan profundos que parece que te ven el alma cuando te miran.
Todo eso lo guardé en el compartimento de los momentos felices de mi vida. Y cerré ese inmenso baúl con las siete llaves que lo protegen, con la esperanza de abrirlo pronto y añadir más experiencias, porque seguro que ese será el único equipaje que lleve el día que me toque emprender el Gran Viaje.
Después perdí el corazón, el derecho y la cordura, enmudecí durante meses, aprendí a subir los peldaños que conducen a casa y a dejar de sentir que entraba en un cementerio, aprendí a salir a la calle, me emborraché mucho y acabé en la cama con personas que apenas conocía, o que venían de un pasado remoto. En su momento, me ayudó a recuperar algo de auto estima, amistades e, incluso, una mejor forma física. No me hizo feliz pero, por lo menos, vivir así anestesiaba la tristeza. Luego, llegó el verano como un milagro y parte del sol entró en mi corazón para re-despertarlo. Dejé de mirar atrás o solamente a mis pies caminando y me atreví a levantar la cabeza, alentado por muchos cercanos que me tendieron la mano con su infinito amor para subir, peldaño a peldaño, el pozo en el que caes cuando la vida te pide el corazón como peaje para poder tirar "pa’lante". Y arriba, la calle, el mar, la música, paseos y la reconstrucción. Lo malo de las armaduras es que cuando se rompen tendemos a reforzarla mucho para espantar el desastre. Y luego cuesta más moverse con tanto peso.
El verano pasó como un beso de amor rápido y efímero y, en el último suspiro, reapareciste tú, no se si para ayudarme a ordenar el mundo o para activar el miocardio con el electroshock que siempre me produce tu sonrisa... esa es una incógnita que no quiero desvelar. De eso ya se encargarán el tiempo y tú de hacerlo.
Ahora trato de comprar la otra mitad del Titanic para convertirlo en un bote de recreo, trato de motorizar mi vida y borrar del ADN cualquier rastro de tristeza. A veces lo consigo y a veces sigue siendo de noche. Trato de dominar el corazón para que rompa a correr, porque siempre tiene mucha prisa por vivir, y me ato los pies por la noche para no salir corriendo al trantrán del abandono, dónde siempre encuentro a alguien o, directamente, a tu cama.
Intento sofocar el miedo, que no es muy buen compañero de viaje. No sé si estoy creciendo o terminando de hacerme invisible. Sigue siendo de noche, pero ya no es cerrada, hay muchas estrellas que se movieron. De vez en cuando, me sorprende el brillo de Venus y el cielo se está pintando más eléctrico que oscuro. Sigo esperando que pasen muchas cosas y estoy juntando toda la paciencia que tengo para sentarme en mi atalaya y esperar tranquilamente que amanezca. Señor, que amanezca.
Todo eso lo guardé en el compartimento de los momentos felices de mi vida. Y cerré ese inmenso baúl con las siete llaves que lo protegen, con la esperanza de abrirlo pronto y añadir más experiencias, porque seguro que ese será el único equipaje que lleve el día que me toque emprender el Gran Viaje.
Después perdí el corazón, el derecho y la cordura, enmudecí durante meses, aprendí a subir los peldaños que conducen a casa y a dejar de sentir que entraba en un cementerio, aprendí a salir a la calle, me emborraché mucho y acabé en la cama con personas que apenas conocía, o que venían de un pasado remoto. En su momento, me ayudó a recuperar algo de auto estima, amistades e, incluso, una mejor forma física. No me hizo feliz pero, por lo menos, vivir así anestesiaba la tristeza. Luego, llegó el verano como un milagro y parte del sol entró en mi corazón para re-despertarlo. Dejé de mirar atrás o solamente a mis pies caminando y me atreví a levantar la cabeza, alentado por muchos cercanos que me tendieron la mano con su infinito amor para subir, peldaño a peldaño, el pozo en el que caes cuando la vida te pide el corazón como peaje para poder tirar "pa’lante". Y arriba, la calle, el mar, la música, paseos y la reconstrucción. Lo malo de las armaduras es que cuando se rompen tendemos a reforzarla mucho para espantar el desastre. Y luego cuesta más moverse con tanto peso.
El verano pasó como un beso de amor rápido y efímero y, en el último suspiro, reapareciste tú, no se si para ayudarme a ordenar el mundo o para activar el miocardio con el electroshock que siempre me produce tu sonrisa... esa es una incógnita que no quiero desvelar. De eso ya se encargarán el tiempo y tú de hacerlo.
Ahora trato de comprar la otra mitad del Titanic para convertirlo en un bote de recreo, trato de motorizar mi vida y borrar del ADN cualquier rastro de tristeza. A veces lo consigo y a veces sigue siendo de noche. Trato de dominar el corazón para que rompa a correr, porque siempre tiene mucha prisa por vivir, y me ato los pies por la noche para no salir corriendo al trantrán del abandono, dónde siempre encuentro a alguien o, directamente, a tu cama.
Intento sofocar el miedo, que no es muy buen compañero de viaje. No sé si estoy creciendo o terminando de hacerme invisible. Sigue siendo de noche, pero ya no es cerrada, hay muchas estrellas que se movieron. De vez en cuando, me sorprende el brillo de Venus y el cielo se está pintando más eléctrico que oscuro. Sigo esperando que pasen muchas cosas y estoy juntando toda la paciencia que tengo para sentarme en mi atalaya y esperar tranquilamente que amanezca. Señor, que amanezca.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Letra del temazo Miedo de Pedro Guerra
Tienen miedo del amor y no saber amar,
tienen miedo de la sombra y miedo de la luz.
Tienen miedo de pedir y miedo de callar,
miedo que da miedo del miedo que da.
Tienen miedo de subir y miedo de bajar,
tienen miedo de la noche y miedo del azul.
Tienen miedo de escupir y miedo de aguantar,
miedo que da miedo del miedo que da.
El miedo es una sombra que el temor no esquiva,
el miedo es una trampa que atrapó al amor,
el miedo es la palanca que apagó la vida,
el miedo es una grieta que agrandó el dolor.
Tienen miedo de reír y miedo de llorar,
tienen miedo de encontrarse y miedo de no ser,
tienen miedo de decir y miedo de escuchar,
miedo que da miedo del miedo que da.
El miedo es una raya que separa el mundo,
el miedo es una casa donde nadie va,
el miedo es como un lazo que se aprieta en nudo,
el miedo es una fuerza que me impide andar.
tienen miedo de la soledad
tienen miedo de la vida y miedo de morir
tienen miedo de quedarse y miedo de escapar
miedo que da miedo del miedo que da
el miedo es una raya que separa el mundo
el miedo es uan casa donde nadie va
el miedo es como en lazo que se aprieta en nudo
el miedo es una fuerza que me impide andar
tienen miedo de caer y miedo de avanzar
tienen miedo de amarrar y miedo de romper
tienen miedo de exigir y miedo de pasar
miedo que da miedo del miedo que da
miedo de mirar el fondo
miedo de doblar la esquina
miedo de quedarse en la oscuridad
miedo de pasar en blanco
de cruzar la línea
miedo de encontrarse solo
de perder las riendas la pose y el equilibrio
miedo de darse por vencido
miedo de vagar sin rumbo
miedo estampado en la cara
o escondido en los sótanos
miedo circulando en las venas
o en ruta de colisión
¿el miedo es de dios o es del demonio?
¿es orden o es confusión?
el miedo es un monstruo
el miedo domina
es miedo es la medida de la indecisión
miedo de arrugar la frente miedo de encarar
miedo de callar la boca miedo de escuchar
miedo de poner la zancadilla miedo de caer
miedo de hacerse a la idea miedo de ilusionarse
miedo de arrepentirse
miedo de dejar para después
miedo de margarse por lo que se hizo
miedo de perder la vez
miedo de salirse de la raya
en el momento definitivo
miedo de morir en la playa
después de beberse el mar
miedo que da miedo
del miedo que da
tienen miedo de la sombra y miedo de la luz.
Tienen miedo de pedir y miedo de callar,
miedo que da miedo del miedo que da.
Tienen miedo de subir y miedo de bajar,
tienen miedo de la noche y miedo del azul.
Tienen miedo de escupir y miedo de aguantar,
miedo que da miedo del miedo que da.
El miedo es una sombra que el temor no esquiva,
el miedo es una trampa que atrapó al amor,
el miedo es la palanca que apagó la vida,
el miedo es una grieta que agrandó el dolor.
Tienen miedo de reír y miedo de llorar,
tienen miedo de encontrarse y miedo de no ser,
tienen miedo de decir y miedo de escuchar,
miedo que da miedo del miedo que da.
El miedo es una raya que separa el mundo,
el miedo es una casa donde nadie va,
el miedo es como un lazo que se aprieta en nudo,
el miedo es una fuerza que me impide andar.
tienen miedo de la soledad
tienen miedo de la vida y miedo de morir
tienen miedo de quedarse y miedo de escapar
miedo que da miedo del miedo que da
el miedo es una raya que separa el mundo
el miedo es uan casa donde nadie va
el miedo es como en lazo que se aprieta en nudo
el miedo es una fuerza que me impide andar
tienen miedo de caer y miedo de avanzar
tienen miedo de amarrar y miedo de romper
tienen miedo de exigir y miedo de pasar
miedo que da miedo del miedo que da
miedo de mirar el fondo
miedo de doblar la esquina
miedo de quedarse en la oscuridad
miedo de pasar en blanco
de cruzar la línea
miedo de encontrarse solo
de perder las riendas la pose y el equilibrio
miedo de darse por vencido
miedo de vagar sin rumbo
miedo estampado en la cara
o escondido en los sótanos
miedo circulando en las venas
o en ruta de colisión
¿el miedo es de dios o es del demonio?
¿es orden o es confusión?
el miedo es un monstruo
el miedo domina
es miedo es la medida de la indecisión
miedo de arrugar la frente miedo de encarar
miedo de callar la boca miedo de escuchar
miedo de poner la zancadilla miedo de caer
miedo de hacerse a la idea miedo de ilusionarse
miedo de arrepentirse
miedo de dejar para después
miedo de margarse por lo que se hizo
miedo de perder la vez
miedo de salirse de la raya
en el momento definitivo
miedo de morir en la playa
después de beberse el mar
miedo que da miedo
del miedo que da
Despertad de una vez
No os refugiéis en vuestros gigantescos despachos, en las leyes diseñadas a vuestra medida, en vuestros policías, en vuestros ejércitos, en la imposición del mal. Dejad de modificar el destino del pueblo, con vuestros acuerdos miserables. Dejad de arrancarnos la razón, la voz, la palabra escrita, los días. No queremos cambiar nuestro precioso tiempo por vuestro dinero. Cuando llegue el momento, lo quemaremos junto con todo el papel timbrado en el que os escondéis para disipar la justicia y disfrazarla de palabras huecas, para comprar a los que sueñan con techos dorados mientras el resto padece el frío a ras de suelo, el hambre a golpe de visa, la subsistencia como sucedáneo de la vida.
No creemos en vuestros cargos, en las distinciones ni en las medallas que os repartís entre vosotros.
Dejad de gestionar la usura de ‘te dejo tanto y me devuelves el doble’, amparados por el gobierno, por todos los gobiernos, que esperan sacar tajada continua de tu escasa energía.
No sois los dueños de la tierra porque la estáis matando, no sois los dueños de las personas porque no significan nada para vosotros, no tenéis nada más que vuestro dinero y el poder de destruir, de modificar, de no respetar siquiera el destino.
El poder efímero te debilita y te convierte en un siervo en pro de la sin razón o lo políticamente correcto, en pro de aumentar vuestra riqueza en un estado de bienestar al que sólo acceden los señalados por el dedo.
En la naturaleza no existen cárceles ni presos, no existen el trabajo remunerado, no hay escasez de medios, ni dueños ni esclavos.
Regresemos a los árboles, a los atardeceres, al respeto sagrado a la vida, a la tribu, al amor de la manada, al olor de la tierra, al viento de cara, al sueño bajo un cielo estrellado lleno de promesas, muy alejados de vuestra sociedad particular y limitada y muy cerquita de nuestra alma… donde la felicidad sea un bien compartido y no la mentira efímera de unos pocos y el amor no fluctúe en bolsa.
Aclaración, la anterior entrada la escribí sumido en la pena de enterarme del levantamiento del cadáver de un sin techo que pernoctaba en el cubículo destinado a un cajero automático de un banco cercano a casa. Por lo visto en varias ocasiones la policía le instó a que abandonara ese recinto e ingresara en alguno de los albergues de la comunidad. Pero se negó reiteradamente, seguramente el propio abandono o la falta de fuerza le impedía actuar de un forma lógica.
En varias ocasiones pasé por delante de el y no moví un dedo siquiera pensé en ofrecerle un café o simplemente preguntarle si necesita algo. Me resulta demasiado prosaico que un hombre sin nada muera a las puertas de un dispensador de billetes, me resulta demasiado duro pensar que su prueba fue resistir y la mía hacer algo que siquiera me pasó por la cabeza.
La frialdad de la noche madrileña, junto con la frialdad del corazón de las personas que pasamos a su lado sin hacer nada acabaron con su vida. Que donde esté encuentre el amor que le falto en este mundo
No creemos en vuestros cargos, en las distinciones ni en las medallas que os repartís entre vosotros.
Dejad de gestionar la usura de ‘te dejo tanto y me devuelves el doble’, amparados por el gobierno, por todos los gobiernos, que esperan sacar tajada continua de tu escasa energía.
No sois los dueños de la tierra porque la estáis matando, no sois los dueños de las personas porque no significan nada para vosotros, no tenéis nada más que vuestro dinero y el poder de destruir, de modificar, de no respetar siquiera el destino.
El poder efímero te debilita y te convierte en un siervo en pro de la sin razón o lo políticamente correcto, en pro de aumentar vuestra riqueza en un estado de bienestar al que sólo acceden los señalados por el dedo.
En la naturaleza no existen cárceles ni presos, no existen el trabajo remunerado, no hay escasez de medios, ni dueños ni esclavos.
Regresemos a los árboles, a los atardeceres, al respeto sagrado a la vida, a la tribu, al amor de la manada, al olor de la tierra, al viento de cara, al sueño bajo un cielo estrellado lleno de promesas, muy alejados de vuestra sociedad particular y limitada y muy cerquita de nuestra alma… donde la felicidad sea un bien compartido y no la mentira efímera de unos pocos y el amor no fluctúe en bolsa.
Aclaración, la anterior entrada la escribí sumido en la pena de enterarme del levantamiento del cadáver de un sin techo que pernoctaba en el cubículo destinado a un cajero automático de un banco cercano a casa. Por lo visto en varias ocasiones la policía le instó a que abandonara ese recinto e ingresara en alguno de los albergues de la comunidad. Pero se negó reiteradamente, seguramente el propio abandono o la falta de fuerza le impedía actuar de un forma lógica.
En varias ocasiones pasé por delante de el y no moví un dedo siquiera pensé en ofrecerle un café o simplemente preguntarle si necesita algo. Me resulta demasiado prosaico que un hombre sin nada muera a las puertas de un dispensador de billetes, me resulta demasiado duro pensar que su prueba fue resistir y la mía hacer algo que siquiera me pasó por la cabeza.
La frialdad de la noche madrileña, junto con la frialdad del corazón de las personas que pasamos a su lado sin hacer nada acabaron con su vida. Que donde esté encuentre el amor que le falto en este mundo
lunes, 12 de noviembre de 2007
SIN REMEDIO II
No se si será una enfermedad del nuevo siglo, o si realmente se perdió el oficio por lo poco practicado, o por lo aparentemente inútil del empeño, o por el olvido. También puede que la razón venciera la batalla al sentimiento o la tecnología al arte, para dejar huérfana la profesión de caballero andante, esa que tanto ríos de tinta y sangre hizo correr a lo largo de la Historia.
Pertenezco a una generación a la que no le faltaron las páginas de los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, dónde el Quijote era lectura obligada en el instituto, que creció emocionado viendo como Luke Skywalker se convertía en un caballero Jedi, y cuya máxima aspiración era pasearse algún día con una espada de luz entre las manos, matando al cruel enemigo siempre tangible e inmortal.
Ulises31, Rui el pequeño Cid, Excalibur, el inefable Señor de los Anillos en sus múltiples versiones y, por último, y casi a destiempo, los Caballeros del Zodiaco marcaron el demiurgo de un universo en el que los iconos, sagrados o no, correspondían a viejos caballeros con espada o catana en mano. Y eso, acompañado a las propias experiencias y tendencias personales, la verdad, causó mella en más de uno de nosotros.
Es muy difícil hablar del estudio del Bushido o de las reglas de caballería en estos tiempos, es muy difícil describir la vida como una prueba continua, en la que transitas respetando al máximo el prójimo e intentando minimizar cualquier daño a base de cargarte el mundo a la espalda y seguir buscando tu sitio con la idea de no hacer daño, de cambiar lo oscuro por lo claro de las palabras, y de los actos.
No soy un santo ni estoy totalmente loco. Ojala se diera cualquiera de las dos circunstancias. Como todos, me he equivocado y, a veces, e buscado refugio en la caverna, porque enfrentarte al mundo sin cadenas es una ardua y temeraria labor. No he desestimado caminos intermedios, y cuando he visto que la senda que recorría me causaba más infelicidad que aciertos, he cambiado, muy a mi pesar, de dirección, aunque, en la mayoría de las ocasiones, no encontrar estrella que guiase, ni más luz que la de mi propia lamparita interior, ni más brillo que la de mi espada chocando contra el acero.
Todos los saetazos fueron directos al corazón y muchos de ellos no los paré, conociendo incluso la gravedad de la herida que sufriría a posteriori. Pero, eso si es cierto, cuando no me queda más remedio, cuando la tocada de cojones supera lo humanamente soportable, entonces me detengo y ataco con la desesperación del ignorante y con la fuerza del que sabe que, agotadas todas las posibilidades, sólo puede enfrentarse al enemigo, entonces, y sólo entonces, muestro el rostro de la muerte, que siempre me acompañó escondida y que no desenvaino alegremente por el daño que pueda infringir.
Como rezaban las antiguas espadas, no me envaines sin honor si me desenvaines sin razón. Ahora, sólo me queda un camino y tristemente lo acepto: o tu o yo. Lo demás será ficción literaria o carne de pleitos.
Rectificar es de aspirantes.
En la cita o entrada que acabo de releer tras una conversación cercana me he dado cuenta que lo antes expuesto pertenece a un enfrentamiento en el territorio de lo personal. Quiero aclarar que en el caso al que me refiero no busco una venganza, si no que prevalezca lo justo, entendiendo por lo justo lo que beneficie de forma equitatíva ambas partes.
Firmado:: Un aspirante.
Pertenezco a una generación a la que no le faltaron las páginas de los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, dónde el Quijote era lectura obligada en el instituto, que creció emocionado viendo como Luke Skywalker se convertía en un caballero Jedi, y cuya máxima aspiración era pasearse algún día con una espada de luz entre las manos, matando al cruel enemigo siempre tangible e inmortal.
Ulises31, Rui el pequeño Cid, Excalibur, el inefable Señor de los Anillos en sus múltiples versiones y, por último, y casi a destiempo, los Caballeros del Zodiaco marcaron el demiurgo de un universo en el que los iconos, sagrados o no, correspondían a viejos caballeros con espada o catana en mano. Y eso, acompañado a las propias experiencias y tendencias personales, la verdad, causó mella en más de uno de nosotros.
Es muy difícil hablar del estudio del Bushido o de las reglas de caballería en estos tiempos, es muy difícil describir la vida como una prueba continua, en la que transitas respetando al máximo el prójimo e intentando minimizar cualquier daño a base de cargarte el mundo a la espalda y seguir buscando tu sitio con la idea de no hacer daño, de cambiar lo oscuro por lo claro de las palabras, y de los actos.
No soy un santo ni estoy totalmente loco. Ojala se diera cualquiera de las dos circunstancias. Como todos, me he equivocado y, a veces, e buscado refugio en la caverna, porque enfrentarte al mundo sin cadenas es una ardua y temeraria labor. No he desestimado caminos intermedios, y cuando he visto que la senda que recorría me causaba más infelicidad que aciertos, he cambiado, muy a mi pesar, de dirección, aunque, en la mayoría de las ocasiones, no encontrar estrella que guiase, ni más luz que la de mi propia lamparita interior, ni más brillo que la de mi espada chocando contra el acero.
Todos los saetazos fueron directos al corazón y muchos de ellos no los paré, conociendo incluso la gravedad de la herida que sufriría a posteriori. Pero, eso si es cierto, cuando no me queda más remedio, cuando la tocada de cojones supera lo humanamente soportable, entonces me detengo y ataco con la desesperación del ignorante y con la fuerza del que sabe que, agotadas todas las posibilidades, sólo puede enfrentarse al enemigo, entonces, y sólo entonces, muestro el rostro de la muerte, que siempre me acompañó escondida y que no desenvaino alegremente por el daño que pueda infringir.
Como rezaban las antiguas espadas, no me envaines sin honor si me desenvaines sin razón. Ahora, sólo me queda un camino y tristemente lo acepto: o tu o yo. Lo demás será ficción literaria o carne de pleitos.
Rectificar es de aspirantes.
En la cita o entrada que acabo de releer tras una conversación cercana me he dado cuenta que lo antes expuesto pertenece a un enfrentamiento en el territorio de lo personal. Quiero aclarar que en el caso al que me refiero no busco una venganza, si no que prevalezca lo justo, entendiendo por lo justo lo que beneficie de forma equitatíva ambas partes.
Firmado:: Un aspirante.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
De letras y princesas

Hay días que ando por la calle recogiendo letras que perdimos en la vída. Alguna claramente forma parte de palabras e, incluso, de frases que pasaron al viento de una forma casual o intencionada y ahora decoran el suelo de las ciudades.
Las más simples son las letras sueltas, y hace unos años que hay todo tipo de caracteres de diferentes partes del mundo; te dan la posibilidad de componer collages en forma de deseos: cuando lo necesito, formo la palabra paz y -parece mentira- pero algo tan grande se consigue con sólo juntar tres letritas que, por lo general, son bastante fáciles de encontrar cerca de los parques, los auditorios, los templos. Cuando quiero jugar con el destino recojo alguno de los caracteres orientales, esos tan bonitos que encierran todo tipo de buenos sentimientos, y presto más atención para descubrir lo que ocurre porque yo (esto es un secreto) no los entiendo.
Cuando me siento con más fuerzas recojo palabras, algunas son triviales pero necesarias: puntualidad, sonrisa, entendimiento, responsabilidad, gazpacho, verano, calorcito, trabajo. Otras son más alegres y cotidianas: saludo, beso, llamada, gentileza, empatía, sueño, abrazo; y otras son más difíciles de encontrar pero imprescindibles: amor, perro, familia, música, amistad, naturaleza, tú.
Los días de grandes tormentas, cuando la ciudad tirita presa de algún vendaval fuerte, de algún temporal de la clase que sea, el viento se encarga de remover la alfombra semántica que decora el suelo y es difícil poder componer algo coherente, o encontrar algo comprensible. Esos días cierro los ojos y aprieto el paso para llegar pronto a casa y leer un libro con alma, uno de ésos en los que todo está puesto con un orden perfecto y te deja la sensación de que duermes pendido de una estrella en medio de un universo perfectamente armónico,
Cuando llega la primavera, encuentro muchísimas de colores e incluso (esto sí que me sorprendió) algún verano, cerca del mar, he llegado a descubrir algunas fosforescentes que iluminan la noche llenándola de una luz parecida a la que emiten las luciérnagas cuando están felices.
La verdad, no suelo prestar atención a las frases hechas, ni a los largos parlamentos: estoy seguro que esas son las que recogen los políticos y los hombres de negocios. Tampoco suelo recoger nunca números. Bueno, sólo cuando no me queda más remedio. Pero los números están vivos y tienden a juntarse; por eso enseguida se escapan de casa para reunirse con los que juntan números en los bancos.
Cuando creo en algo lo estampo en camisetas, o simplemente lo pongo en una chapita que me pongo para que esas letras realicen su trabajo. Y la verdad muchas veces tienen su efecto.
El otro día descubrí casi sin querer un montón de letras y signos transparentes que marcaban el camino que hay entre tu casa y la mía. Algunas se repiten: son corazones o estrellas de muchas puntas. También había signos de interrogación y flechas que marcaban muchos lugares, títulos de canciones, libros, sitios conocidos y por conocer, nombres de personas que están y que se marcharon. Algunas palabras las conocía muy bien y hablaban de miedo, de noches solo abrazado a la tristeza, y otras me alegraron porque llamaban a la esperanza, a la alegría, a la confianza al amor, pero lo que realmente me tranquilizó fue cuando subí las escaleras que conducen a mi casa y vi que, sin querer, habían apartado para limpiar el trocito de tela que puse a modo de felpudo a la entrada. Y descubrí perfectamente escrito en color rojo tu nombre con típica caligrafía de princesa cagona.
martes, 6 de noviembre de 2007
Lo que no se ve...
Me emociono cuando mondo el corazón y traduzco en palabras lo que siento, y recibo en forma de comentario, mensaje, e-mail o SMS la palabra precisa que cantaba Silvio, de personas que sé que encontré en el camino por que sencillamente somos instrumentos de una misma sinfonía.
Hace mucho tiempo que no creo en la casualidad, casi tanto como cuando decidí que el boli sustituiría la tristeza y seguiría el dictado del que soy para transcribir en tinta, lo que no puedo expresar en lo cotidiano por falta de valor o simplemente por no encontrar la situación propicia para enseñar lo que no se ve. Y este blog nació de la decisión de dejar de almacenar papel tintado en casa o en los bolsillos de los vaqueros. Tengo la absoluta seguridad de que lo mejor que escribí en mi vida (que tampoco es decir mucho, la verdad) se lo llevó la centrifugación de la lavadora.
Dentro de ese universo mágico de lo que no se ve están las continuas muestras de amor de esos los míos, que me acompañan en los aciertos y algún que otro revés que, como a todos, la vida me reserva. Creo que la mejor forma de aprender a amar a nuestro alrededor es encontrando en los demás parte de nosotros mismos, a veces por completarnos, a veces por la diferencia, pero siempre en la igualdad. Y eso más allá de condiciones sociales, sexuales, y educación impuesta o recibida, de tantas diferencias. No me cuesta nada reconocer al niño perdido, aventurero, salvaje, soñador, inconformista y, más allá de cualquier adjetivo, encontrar parte de mi en muchos de los que en estos tiempos de lucha cotidiana, pasaron del pensamiento a la palabra para enviarme una respuesta positiva que reza como en los buenos epitafios: Estamos contigo.
No tengo corazón para corresponder todo el cariño, la preocupación y el amor por parte de los amigos que visitan entre el mar y el asfalto. Lo que queda de eso es sólo la punta del iceberg traducida en algún comentario, y lo más bonito es lo que no se ve, y no sé con cuanto acierto trato de explicarlo para resumir todo el sentimiento en una sola palabra:
Gracias
Sé que transitamos juntos el camino del corazón
Hace mucho tiempo que no creo en la casualidad, casi tanto como cuando decidí que el boli sustituiría la tristeza y seguiría el dictado del que soy para transcribir en tinta, lo que no puedo expresar en lo cotidiano por falta de valor o simplemente por no encontrar la situación propicia para enseñar lo que no se ve. Y este blog nació de la decisión de dejar de almacenar papel tintado en casa o en los bolsillos de los vaqueros. Tengo la absoluta seguridad de que lo mejor que escribí en mi vida (que tampoco es decir mucho, la verdad) se lo llevó la centrifugación de la lavadora.
Dentro de ese universo mágico de lo que no se ve están las continuas muestras de amor de esos los míos, que me acompañan en los aciertos y algún que otro revés que, como a todos, la vida me reserva. Creo que la mejor forma de aprender a amar a nuestro alrededor es encontrando en los demás parte de nosotros mismos, a veces por completarnos, a veces por la diferencia, pero siempre en la igualdad. Y eso más allá de condiciones sociales, sexuales, y educación impuesta o recibida, de tantas diferencias. No me cuesta nada reconocer al niño perdido, aventurero, salvaje, soñador, inconformista y, más allá de cualquier adjetivo, encontrar parte de mi en muchos de los que en estos tiempos de lucha cotidiana, pasaron del pensamiento a la palabra para enviarme una respuesta positiva que reza como en los buenos epitafios: Estamos contigo.
No tengo corazón para corresponder todo el cariño, la preocupación y el amor por parte de los amigos que visitan entre el mar y el asfalto. Lo que queda de eso es sólo la punta del iceberg traducida en algún comentario, y lo más bonito es lo que no se ve, y no sé con cuanto acierto trato de explicarlo para resumir todo el sentimiento en una sola palabra:
Gracias
Sé que transitamos juntos el camino del corazón
lunes, 5 de noviembre de 2007
35 milímetros de realidad.
Intento parar el caos, el desastre cerebral en el que he vivido demasiados años. Demasiada juerga, demasiados compromisos rotos por fuera y dentro de mi. Demasiada gente, a veces colateral, a veces superficial. Demasiadas noches sin dormir, excesos, porros, copas, ruidos, palabras grandilocuentes para cosas muy normalitas. Sensaciones exageradas de una realidad de la que pretendía escapar, para acabar lamentándome de lo que me pasaba o, lo más triste, de lo que no ocurría.
No es quiera restar intensidad a mi vida. La resta es una de las operaciones más dolorosas, a priori, y más refrescantes, a la larga, porque te prepara para enfrentarte desnudo a un ejercito de días vestidos de incógnita. Tampoco espero arrancar de esta jodida personalidad inconformista la pasión, tan necesaria como la música en una buena película. Simplemente estoy tratando de manejar la realidad que tengo a mi alrededor con más dosis de realidad. Sin huidas hacia ninguna parte y sin esperar apariciones de lourdes o bonolotos, que a estas alturas del partido, la verdad, no espero que me toquen (cruzo los dedos para que así sea).
Creo que a los casi 35, es hora de dejar de verme como un adolescente y empezar a entender que no hay edad para hacer las cosas que siempre quisiste hacer y el mejor momento es, sin lugar a dudas, el presente. No renuncio a mi pasado. Seguramente, sin el, no hubiera podido soportar ciertas zozobras. Lo que trato de buscar es un mejor presente. Mirar al futuro es algo que no me permito con frecuencia, ya que, si de algo me ha servido el tramo de viaje que viví, es para darme cuenta de que esa es otra fantasía que puede que no se produzca.
Bendigo cada jirón de mi camino, cada malentendido, cada situación complicada e, incluso, cada despedida. Todo eso me ha llevado a salir esta mañana a la calle y respirar con la tranquilidad necesaria como para darme cuenta de lo bonito del sol de invierno sin esperar que del cielo baje la nave nodriza a rescatarme, no porque éste sea el sitio en el que quiero estar, sino porque es en el que estoy. Además, salí de casa con un beso pintado en los labios, no con una promesa de amor eterno, ni con una pretérita historia de capuletos y montescos, y esas dos simples cosas son lo más real que me ha ocurrido en mucho tiempo.
No es quiera restar intensidad a mi vida. La resta es una de las operaciones más dolorosas, a priori, y más refrescantes, a la larga, porque te prepara para enfrentarte desnudo a un ejercito de días vestidos de incógnita. Tampoco espero arrancar de esta jodida personalidad inconformista la pasión, tan necesaria como la música en una buena película. Simplemente estoy tratando de manejar la realidad que tengo a mi alrededor con más dosis de realidad. Sin huidas hacia ninguna parte y sin esperar apariciones de lourdes o bonolotos, que a estas alturas del partido, la verdad, no espero que me toquen (cruzo los dedos para que así sea).
Creo que a los casi 35, es hora de dejar de verme como un adolescente y empezar a entender que no hay edad para hacer las cosas que siempre quisiste hacer y el mejor momento es, sin lugar a dudas, el presente. No renuncio a mi pasado. Seguramente, sin el, no hubiera podido soportar ciertas zozobras. Lo que trato de buscar es un mejor presente. Mirar al futuro es algo que no me permito con frecuencia, ya que, si de algo me ha servido el tramo de viaje que viví, es para darme cuenta de que esa es otra fantasía que puede que no se produzca.
Bendigo cada jirón de mi camino, cada malentendido, cada situación complicada e, incluso, cada despedida. Todo eso me ha llevado a salir esta mañana a la calle y respirar con la tranquilidad necesaria como para darme cuenta de lo bonito del sol de invierno sin esperar que del cielo baje la nave nodriza a rescatarme, no porque éste sea el sitio en el que quiero estar, sino porque es en el que estoy. Además, salí de casa con un beso pintado en los labios, no con una promesa de amor eterno, ni con una pretérita historia de capuletos y montescos, y esas dos simples cosas son lo más real que me ha ocurrido en mucho tiempo.
martes, 30 de octubre de 2007
lunes, 29 de octubre de 2007
Llegó una Noche tras la tormenta
Si supiera lo que buscar, empezaría por establecer metas imposibles.
La primera y más importante, encontrar música bonita para tan ardua labor.
La segunda es ordenar el mundo, que a fuerza de entropía tiende al caos.
La tercera acentuar lo imprescindible. Tildar el amor, los colores, la luz, la libertad de ser tu mismo y la paz necesaria para luchar sin tregua y de forma certera. Todo con acentos marcados y cada uno a su debido tiempo.
Hacer una pausa----(pausa)----
Romper la lista anteriormente escrita., encontrar un lenguaje común, ese que produce la comprensión entre lo que sientes y lo que ocurre, entre los demás y tu corazón.
Luego y siguiendo el tempo previamente marcado por el sino, es fundamental caminar mucho, que no es lo mismo llegar que disfrutar del paisaje.
No olvidar la cocina. Mezclar todo lo que sueñas a pequeñas dosis, dejarlo a fuego lento y mientras obtienes la cocción deseada, lanzarte al frenesí de un baile inexorable con el destino.
Aceptar que es más importante, aprender que saber, escuchar que hablar, relajarse que perderse y disponerlo todo para que cuando llegue el temporal, puedas cerrar los ojos cansados y despertar con la alegría de saber que en medio de la noche, alguien que te quiere llegó a casa.
PDT.: mientras escribía estas líneas, dormías, Ella Fitzgerald rompía el silencio y despertaba la mañana de un domingo nublado y lleno de luz
La primera y más importante, encontrar música bonita para tan ardua labor.
La segunda es ordenar el mundo, que a fuerza de entropía tiende al caos.
La tercera acentuar lo imprescindible. Tildar el amor, los colores, la luz, la libertad de ser tu mismo y la paz necesaria para luchar sin tregua y de forma certera. Todo con acentos marcados y cada uno a su debido tiempo.
Hacer una pausa----(pausa)----
Romper la lista anteriormente escrita., encontrar un lenguaje común, ese que produce la comprensión entre lo que sientes y lo que ocurre, entre los demás y tu corazón.
Luego y siguiendo el tempo previamente marcado por el sino, es fundamental caminar mucho, que no es lo mismo llegar que disfrutar del paisaje.
No olvidar la cocina. Mezclar todo lo que sueñas a pequeñas dosis, dejarlo a fuego lento y mientras obtienes la cocción deseada, lanzarte al frenesí de un baile inexorable con el destino.
Aceptar que es más importante, aprender que saber, escuchar que hablar, relajarse que perderse y disponerlo todo para que cuando llegue el temporal, puedas cerrar los ojos cansados y despertar con la alegría de saber que en medio de la noche, alguien que te quiere llegó a casa.
PDT.: mientras escribía estas líneas, dormías, Ella Fitzgerald rompía el silencio y despertaba la mañana de un domingo nublado y lleno de luz
jueves, 25 de octubre de 2007
Dónde muere el amor
Ya no sonríes. Me de igual si te veo. No me acuerdo de nada. Hace mucho tiempo que no me paro sólo a mirarte tranquilo. Siempre quedo con gente. Ya no salimos solos. Vamos de compras a los mismos sitios, a por las mismas cosas.
En las llamadas perdidas, en las explicaciones que no te pedí, en los silencios largos.
En el miedo a perderte, en los gritos.
En el portazo, en la furia, todo gira de nuevo y se tambalea.
En las discusiones tontas.
En el olvido, en los mensajes comprometidos, en los nuevos amigos.
En las mentiras piadosas.
En los desplantes, en las dudas, en esa puta calle que decides un día que no volverás a andar y ya no cruzas la línea de los que aman por nadie, y te mantienes en el sitio seguro de la tristeza, donde sólo quieres mirar al frente y llena de lágrimas. Crees que persigues tu destino y lo único que haces es cerrar muy fuerte los ojos y subir el volumen del ruido para no escuchar al corazón que te pregunta a quién quieres, pero ya no tienes tiempo ni paz para escucharlo.
Y te partes de nuevo en dos y te reúnes en la soledad.
En las llamadas perdidas, en las explicaciones que no te pedí, en los silencios largos.
En el miedo a perderte, en los gritos.
En el portazo, en la furia, todo gira de nuevo y se tambalea.
En las discusiones tontas.
En el olvido, en los mensajes comprometidos, en los nuevos amigos.
En las mentiras piadosas.
En los desplantes, en las dudas, en esa puta calle que decides un día que no volverás a andar y ya no cruzas la línea de los que aman por nadie, y te mantienes en el sitio seguro de la tristeza, donde sólo quieres mirar al frente y llena de lágrimas. Crees que persigues tu destino y lo único que haces es cerrar muy fuerte los ojos y subir el volumen del ruido para no escuchar al corazón que te pregunta a quién quieres, pero ya no tienes tiempo ni paz para escucharlo.
Y te partes de nuevo en dos y te reúnes en la soledad.
Dónde se esconde el amor
En la pupila interrogante, en la sonrisa, en la palabra.
En alguna canción antigua que rememoramos, en el pensamiento de la ausencia, en el silencio cobarde ante la presencia.
En las mañanitas de sol, en los paseos al atardecer.
En un dios piadoso que, por un instante, detiene el tiempo, el giro de la tierra, y el cielo viste de noche y muestra fulgurante el brillo de una estrella, y el camino de plata que dibuja sobre las olas de un mar infinito, conducen a una playa donde, tú, desnuda, me miras, me sonríes, me hablas sin miedo y me tiendes tu mano para entender, de nuevo, que en el hueco entre tu mano y la mía es donde se esconde ese misterio del amor.
que me parte en dos y me reune
En alguna canción antigua que rememoramos, en el pensamiento de la ausencia, en el silencio cobarde ante la presencia.
En las mañanitas de sol, en los paseos al atardecer.
En un dios piadoso que, por un instante, detiene el tiempo, el giro de la tierra, y el cielo viste de noche y muestra fulgurante el brillo de una estrella, y el camino de plata que dibuja sobre las olas de un mar infinito, conducen a una playa donde, tú, desnuda, me miras, me sonríes, me hablas sin miedo y me tiendes tu mano para entender, de nuevo, que en el hueco entre tu mano y la mía es donde se esconde ese misterio del amor.
que me parte en dos y me reune
jueves, 18 de octubre de 2007
Del azul al rojo
Sobre el azul infinito, entre la desaparición y el confín de la línea del horizonte, andábamos tratando de perdernos el uno del otro, y sin siquiera buscarte.
Miraba a un lado y me sorprendían tus ojos, en el sitio dónde se forjó la primera sonrisa, la primera nota musical, la caricia, los azules del verde al profundo y marino que duerme en mi alma.
Tú, que nunca fuiste, y yo, que siempre soy, la promesa del atardecer me acompaña entre las páginas del pasado, la música que nos regalamos, el tiempo, alguien que se parece mucho a mí, pero más joven, espera sentado en un portal del que estaba seguro que nunca saldrías para terminar abrazándote, cerquita de la tienda tonta y boba de uniformes. Verte después salir corriendo para no encontrarme, y regresar con la nieve del tiempo en tu pelo, tan cerca de dónde vivimos, como siempre y por casualidad tan cerca.
Dejo la espada para jugar con muñecas y un estoque me revienta en medio de la noche. Otra vez el suspiro a la callada, mirar con hambre de tu cuerpo, ver cómo se evapora tu sombra y esa oscuridad a la que no quiero volver a enfrentarme, me pide que te guarde congelada al ladito de los guisantes, mi sexo me pide que te guarde en la mesita de noche y mi cabeza me grita corre, todo al mismo tiempo. Al corazón no lo dejo hablar, que ése está es cuarentena esperando un transplante en rojo.
Miraba a un lado y me sorprendían tus ojos, en el sitio dónde se forjó la primera sonrisa, la primera nota musical, la caricia, los azules del verde al profundo y marino que duerme en mi alma.
Tú, que nunca fuiste, y yo, que siempre soy, la promesa del atardecer me acompaña entre las páginas del pasado, la música que nos regalamos, el tiempo, alguien que se parece mucho a mí, pero más joven, espera sentado en un portal del que estaba seguro que nunca saldrías para terminar abrazándote, cerquita de la tienda tonta y boba de uniformes. Verte después salir corriendo para no encontrarme, y regresar con la nieve del tiempo en tu pelo, tan cerca de dónde vivimos, como siempre y por casualidad tan cerca.
Dejo la espada para jugar con muñecas y un estoque me revienta en medio de la noche. Otra vez el suspiro a la callada, mirar con hambre de tu cuerpo, ver cómo se evapora tu sombra y esa oscuridad a la que no quiero volver a enfrentarme, me pide que te guarde congelada al ladito de los guisantes, mi sexo me pide que te guarde en la mesita de noche y mi cabeza me grita corre, todo al mismo tiempo. Al corazón no lo dejo hablar, que ése está es cuarentena esperando un transplante en rojo.
martes, 16 de octubre de 2007
Cuestión de Tiempo

¿Cuántas generaciones son necesarias para entender que nos jugamos el presente, ya no el futuro? ¿Por qué esa carta la quemamos cuando empezamos a pensar la paradoja de la sociedad del bienestar?. Creo que mi hijo, en el caso de que lo tenga, volverá a vivir situaciones que en el siglo pasado dábamos felizmente por superadas. Plagas derivadas por el ascenso de las temperaturas, un mundo separado por la diferencia, sobre todo económica... Desaparecerá totalmente el sueño de la clase media, esa antigua ilusión de que es posible que el rico entienda que tiene que pagar un precio justo a la persona que esclaviza durante muchas horas al día.
La verdad es una sensación extraña, me da miedo el futuro y no porque personalmente me preocupe lo que me pueda o no pasar, sino por el sufrimiento que éste puede acarrear a miles de inocentes, desde animales a personas.
No es difícil imaginar una sociedad tecnócrata dónde unos pocos privilegiados vivirán con todo tipo de comodidades, más tiempo, más guapos y más sanos, mientras el resto sufrirá la realidad de buscar algo de ropa y alimento cada vez más escaso. A esto, le podemos añadir la falta de agua y el flashback de volver a matar por permanecer cerca del río. Ampliemos el cóctel con la ausencia de electricidad o, mejor dicho, el final de las energías que no sean renovables. El resultado es claro: enfermedades, falta de alimentos básicos (que no sean los de producción autóctona), de agua y energía. Esto supondrá atrasar en 2000 años la Historia del común de los mortales. Claro que, unos pocos podrán acceder a escoger el color de ojos de sus hijos, el tipo de complexión de su cuerpo. inhibir el envejecimiento, y anular la impotencia y los kilitos de más con una sola pastilla.
Mi preocupación infantil siempre fue si llegaría a ver volar los coches. Lo que me está dejando acojonado es que no se si veré saltar por los aires a la sociedad del consumo brutal, tal y como la conocemos. Pero a este final de Mad Max que tan catastrófico parece le queda una esperanza: la Re-Evolución.
Cuando más puteados nos veamos, cuando la supervivencia imponga una ley más allá de la judicial, y de pura frustración salgamos a las barricadas, entonces y sólo entonces, sumaremos los millones de personas que viven sin nada y los poquitos que tienen de todo. El resultante de la ecuación es bastante claro. A ritmo de una marsellesa en versión trance o bit o como se llame la música del momento, incendiaremos la tierra para crear de sus cenizas un mundo libre.
El futuro es una postal de un niño vestido de Tarzán, meando sobre los restos de un antiquísimo rascacielos de una época dónde el hombre estaba aprendiendo a dejar de ser esclavo y encontrar la LIBERACIÓN.
¡Ah! Una última reflexión para los que tengan hijo, sobrino o parecido. Intente, entre las clases de natación, música, inglés, levitación y demás gaitas, incluír algo de aprendizaje de artes marciales y espada. Nunca se sabe qué es lo que más le servirá en el futuro a su infante.
lunes, 15 de octubre de 2007
Pater Poseidón

Te regalamos un día de sol. Pasea por la playa, duerme cerca de tus amigos en la arena, seca tus lágrimas, dale fuerza a tu cuerpo cansado. Recuéstate en la mano de Poseidón, escucha su sonido. Prepárate para la batalla, para que no puedan cercenarme lo que me queda de corazón, para no perderme en la marea de este extraño tiempo, para recuperarme del naufragio, juntar de nuevo fuerzas para vivir en la galera y seguir bogando contra corriente.
La experiencia equivale a renacer de este asedio al alma, de esta profundidad que a veces me persigue y encontrar, como los viejos navegantes, la dirección de una estrella que, por mucho que azote el temporal, siempre resplandezca y me lleve a la playa donde me esperan los míos. Allí, todos somos niños, nadie es más que nadie, y alguien que me ama, sin más que amor por amor, espera que me siente a su lado, en la hoguera, y cantemos canciones en el idioma de la felicidad mientras tocamos el tambor, uno que suena como una oración antigua, tan vieja como nuestra alma...
miércoles, 10 de octubre de 2007
Sin remedio
Si recargo energía y la sombra que vive a mi lado espera que sople el viento a favor y me lleve lejos del mundo y muy cerquita del mar, dónde pueda decir que no me importa si estoy.
Si rompo de un balazo la cadena que me une al recuerdo, a la locura y al amor, me desnudo y entro en un océano de estrellas, es sólo porque el granito, las horas, las mañanas de agenda llena, los números verdes o rojos, los metros cuadrados, el encantado de conocerle y adiós muy buenas, las ínfulas de Armani y el tipo de llantas magníficas del coche me da totalmente igual.
A veces, pienso que en una vuelta de tuerca inexplicable, aparecí en este planeta tan bonito, habitado por personas tan extrañas. Al principio, tenía la sensación de pertenecer a otra época pretérita. Con el tiempo, me he dado cuenta de que no es así, sino a otra galaxia. Seguramente porque, al crecer, quise ser extraterrestre, mientras los que tenía cerca quisieron ser gerentes, o encargado, o comerciales, o médicos. Yo, que renuncié al sueño de ser pirata por el de sobrevolar las estrellas, me encuentro encerrado, rodeado de personas y muy solo.
Menos mal que, de vez en cuando, encuentro alguno de los míos y me regala alegría para vivir, o algo que aprender o, simplemente, una bonita canción.
¿Encontrare la nave?
Si rompo de un balazo la cadena que me une al recuerdo, a la locura y al amor, me desnudo y entro en un océano de estrellas, es sólo porque el granito, las horas, las mañanas de agenda llena, los números verdes o rojos, los metros cuadrados, el encantado de conocerle y adiós muy buenas, las ínfulas de Armani y el tipo de llantas magníficas del coche me da totalmente igual.
A veces, pienso que en una vuelta de tuerca inexplicable, aparecí en este planeta tan bonito, habitado por personas tan extrañas. Al principio, tenía la sensación de pertenecer a otra época pretérita. Con el tiempo, me he dado cuenta de que no es así, sino a otra galaxia. Seguramente porque, al crecer, quise ser extraterrestre, mientras los que tenía cerca quisieron ser gerentes, o encargado, o comerciales, o médicos. Yo, que renuncié al sueño de ser pirata por el de sobrevolar las estrellas, me encuentro encerrado, rodeado de personas y muy solo.
Menos mal que, de vez en cuando, encuentro alguno de los míos y me regala alegría para vivir, o algo que aprender o, simplemente, una bonita canción.
¿Encontrare la nave?
lunes, 8 de octubre de 2007
A modo de Francesco

A veces, de tanto caminar sin rumbo conocido, encuentras involuntariamente, una playa, un brazo, la pata de un amigo, en definitiva, algún sitio donde dormir al refugio del raso y tumbarte tranquilamente a lamerte las heridas.
A veces, entre los problemas, el estrés y la falta de fe, algo te abstrae, separándote del resto de circunstancias, como si una inmensa mano te sacara del juego para dejarte al dolce far niente, en el duerme vela de la alegría, que no es lo mismo que la felicidad, pero se le parece lo suficiente como para cerrar los ojos y relajarte un poquito… aunque sea relájate solo un poquito.
Quizá sea por justicia poética, como una especie de compensación de lo sufrido. Llevas 10.000 puntos tristeza y te toca canjearlos por vida, o simplemente, porque en medio de la tormenta miras menos alrededor, concentrado en campear el temporal o en la próxima ola de movidas, y pierdes la bonita costumbre de ver si sigues solo, cuando te sorprendes luchando con un lobo al lado, que es una fiera, que es un hermano y que, encima, le molan los leones que comen tofu. Es parte de la locura inexplicable de levantarte y tirar los dados del azar.
Parece extraño, pero el pasado no sólo es un poso de tristeza, sino también un cúmulo de experiencias de las que, a veces, regresa algo inesperado y te sientes un poco como San Francisco, que andaba los caminos ayudando a los animales y acompañado de un hermano lobo de aspecto fiero, como el Fenrir nórdico que ataron los dioses, conscientes de que, en algún momento, provocará su propia caída.
En la sociedad vikinga el mayor destino era morir en combate. En la nuestra, aguantar la vida aunque sea enchufado a una máquina. ¡Que tiempo lobo, que tiempos!
jueves, 4 de octubre de 2007
EL VALOR DEL DESPERDICIO
Me acompaña un regimiento de perdidos, de desesperados, de desahuciados, de gente en paro, que apenas tienen estudios, que apenas tienen ninguna oportunidad de salida, que siquiera entienden del todo el idioma que habla el resto.
Me acompaña una legión de ex personas reducidas a la búsqueda del mendrugo de pan y a solucionar el día como puedan que, de tanto renunciar, renunciaron a si mismos. La fortuna es un pájaro que nunca voló sobre sus cabezas. La alegría es una estación de tren que recorrieron en su infancia los más afortunados, y el amor es el recuerdo de unos brazos extenuados que conocieron muy lejos y hace mucho tiempo, y unos ojos que no puedes olvidar.
Me acompañan miles de personas que saltaron fronteras por el aire, el mar o la loca carrera; que viven de la explotación, la limosna, las drogas o el robo; que dejaron todo lo que no tenían, para encontrarse con todo lo que no tienen.
Me acompañan hombres y mujeres de todo el Globo: África, Sudamérica, Los Balcanes, Oriente… del mundo entero. Huyeron de Dios sabe cuántas dictaduras, injusticias, miseria, enfermedad y sufrimiento. Escaparon, arriesgando su vida, para dar esperanza a sus familias y no encontraron ni vida ni esperanza, ni nada.
Son como yo o mejores, tienen sentidos, sentimientos, cuerpo, necesidades. Piensan, sufren y padecen igualito que yo.
Pero no tienen nada, ni país, ni papeles, ni dinero.
Y POR ESO, SU VIDA SÓLO ES UNA MIERDA MÁS, TIRADA EN LA CUESTA MI CALLE
Me acompaña una legión de ex personas reducidas a la búsqueda del mendrugo de pan y a solucionar el día como puedan que, de tanto renunciar, renunciaron a si mismos. La fortuna es un pájaro que nunca voló sobre sus cabezas. La alegría es una estación de tren que recorrieron en su infancia los más afortunados, y el amor es el recuerdo de unos brazos extenuados que conocieron muy lejos y hace mucho tiempo, y unos ojos que no puedes olvidar.
Me acompañan miles de personas que saltaron fronteras por el aire, el mar o la loca carrera; que viven de la explotación, la limosna, las drogas o el robo; que dejaron todo lo que no tenían, para encontrarse con todo lo que no tienen.
Me acompañan hombres y mujeres de todo el Globo: África, Sudamérica, Los Balcanes, Oriente… del mundo entero. Huyeron de Dios sabe cuántas dictaduras, injusticias, miseria, enfermedad y sufrimiento. Escaparon, arriesgando su vida, para dar esperanza a sus familias y no encontraron ni vida ni esperanza, ni nada.
Son como yo o mejores, tienen sentidos, sentimientos, cuerpo, necesidades. Piensan, sufren y padecen igualito que yo.
Pero no tienen nada, ni país, ni papeles, ni dinero.
Y POR ESO, SU VIDA SÓLO ES UNA MIERDA MÁS, TIRADA EN LA CUESTA MI CALLE
martes, 2 de octubre de 2007
Materia de la existencia a través de los sentidos
De comprender
De caerte, de correr, de crecer, de probar sabores nuevos, de enamorarte. De encuentros y desencuentros, De las alegría pocas y de mucha bruma, mucha niebla, como las de Avalón, (espero que, llegado el momento, la última fiesta la dé en la isla).
De tiempos muertos, como los anuncios de la tele, tiempos comerciales para que compres y te entrampes bien, tiempos sociales para que alguien te diga que eres algo y tú te sientas satisfecho, tiempos sin tiempo como los de dormir solo y sin sueños.
De aprender a leer
De los sabores, dulce, amargo, dulce, agrio, dulce y por fin salado.
De los olores, de madre, del plástico de los juguetes, del comedor del cole, de la chica que se sienta cerca, de hoguera de campamento, de cama sudada, del ozono de tarde de lluvia, de coche y gasofa, de pólvora, de flores y cera de velatorio, de comida preferida, de sexo que pide sexo, de templo. Exóticos de otros países, de papel de libro antiguo, de acero de espada en toledo, de avión dentista y consulta de médico que huelen todos igual y tienen la misma música, de beso salado y con crema en la playa, de casa trinchera solitaria, de café caliente en invierno, de perfume de mujer, de mujer. De ti.
De Literatura
De mirar por dónde pisas, presta más atención, de las películas, las formas, los cuerpos que cambian, las letras en negro impreso, a través de los cristales, del color con que se mira, de limpia y de pícara, de corazón y quebranto, de robot que trabaja delante de una pantallota, de los colores nuevos, de tus ojos. de tu mirada, de tu mirar.
De música
De música, de gritos, de silencio sonoro, de llanto de niño, de ladrido de perro de bienvenida, de canción saltando a la comba, de los 40 que no volverás a soportar, de móvil, de tu voz temblando de emoción, de placer, llorando. De tu voz cuando me llamas y me sacas del infierno, de tu voz.
De ti.
Y de todas esas cosas que me dejo en el tintero es lo que compone la vida en sentidos, lo real siempre está detrás de lo que se toca, saborea, huele, ves, escuchas, piensas y sientes.
De caerte, de correr, de crecer, de probar sabores nuevos, de enamorarte. De encuentros y desencuentros, De las alegría pocas y de mucha bruma, mucha niebla, como las de Avalón, (espero que, llegado el momento, la última fiesta la dé en la isla).
De tiempos muertos, como los anuncios de la tele, tiempos comerciales para que compres y te entrampes bien, tiempos sociales para que alguien te diga que eres algo y tú te sientas satisfecho, tiempos sin tiempo como los de dormir solo y sin sueños.
De aprender a leer
De los sabores, dulce, amargo, dulce, agrio, dulce y por fin salado.
De los olores, de madre, del plástico de los juguetes, del comedor del cole, de la chica que se sienta cerca, de hoguera de campamento, de cama sudada, del ozono de tarde de lluvia, de coche y gasofa, de pólvora, de flores y cera de velatorio, de comida preferida, de sexo que pide sexo, de templo. Exóticos de otros países, de papel de libro antiguo, de acero de espada en toledo, de avión dentista y consulta de médico que huelen todos igual y tienen la misma música, de beso salado y con crema en la playa, de casa trinchera solitaria, de café caliente en invierno, de perfume de mujer, de mujer. De ti.
De Literatura
De mirar por dónde pisas, presta más atención, de las películas, las formas, los cuerpos que cambian, las letras en negro impreso, a través de los cristales, del color con que se mira, de limpia y de pícara, de corazón y quebranto, de robot que trabaja delante de una pantallota, de los colores nuevos, de tus ojos. de tu mirada, de tu mirar.
De música
De música, de gritos, de silencio sonoro, de llanto de niño, de ladrido de perro de bienvenida, de canción saltando a la comba, de los 40 que no volverás a soportar, de móvil, de tu voz temblando de emoción, de placer, llorando. De tu voz cuando me llamas y me sacas del infierno, de tu voz.
De ti.
Y de todas esas cosas que me dejo en el tintero es lo que compone la vida en sentidos, lo real siempre está detrás de lo que se toca, saborea, huele, ves, escuchas, piensas y sientes.
viernes, 28 de septiembre de 2007
Angelicos
Nunca he creído en la angeología. Vamos, que me resulta muy difícil pensar que un ser divino llegue, te arregle la vida y continúe su existencia dedicada al bien. Es tan increíble e iluso, como creer que van a llegar a la tierra entes de otro planeta y convertirla en un lugar en paz y felícidad. Claro que, nunca pensé eso porque no soy un animal abandonado.
Ayer asistí a un concierto Punk Rock, o sabe dios de qué estilo. El grupo terminó cantando una canción en contra del abandono de los animales y dedicó el concierto al Hogar de Luci, una asociación de angelicos que se dedican a salvar animales. Les dedicó el concierto diciendo que esa gente se merece el cielo. Y lo único que puedo decir, más allá de personalidades, de grupos, de ideologías políticas, más cabrones o menos, punkarras, hevis o lo que séan, es que existen personas que cuando ven un animal abandonado o apaleado o sin forma de vida, se dedican a salvarlo, mantenerlo, encontarle un hogar y darles amor.
Es por eso que puedo afirmar rotundamente que los ángeles existen. Encima es viernes. ¿No van a existir, cojones?
Ayer asistí a un concierto Punk Rock, o sabe dios de qué estilo. El grupo terminó cantando una canción en contra del abandono de los animales y dedicó el concierto al Hogar de Luci, una asociación de angelicos que se dedican a salvar animales. Les dedicó el concierto diciendo que esa gente se merece el cielo. Y lo único que puedo decir, más allá de personalidades, de grupos, de ideologías políticas, más cabrones o menos, punkarras, hevis o lo que séan, es que existen personas que cuando ven un animal abandonado o apaleado o sin forma de vida, se dedican a salvarlo, mantenerlo, encontarle un hogar y darles amor.
Es por eso que puedo afirmar rotundamente que los ángeles existen. Encima es viernes. ¿No van a existir, cojones?
jueves, 27 de septiembre de 2007
Freedom Birmania
Birmania (que algunos llaman Myanmar), desde 1962 es gobernada en dictadura por una sucesión de hijos de puta con uniforme, que se denominan, muy a su usanza y ritos, una junta militar.
La actual, seguramente la más dura que han vivido los birmanos, está en el poder desde 1988, encabezada por el que hace las veces de Jefe de Estado(¿gran dictador?): el general Than Shwe, que también es el ministro de Defensa y el responsable del gobierno del terror y la fuerza, con la que somete a un pueblo de más de 50 millones de habitantes. En 1990, presionado por la comunidad internacional, se celebraron elecciones dando la victoria a la Liga Nacional, encabezada por Aung San Suu. La victoria no fue reconocida y Aung, que por cierto es premio Nobel de la paz, se vio recluida en un arresto domiciliario que continúa hoy en día.
Amnistía Internacional ha denunciado que en la actualidad en Birmania (me niego a llamar a ese país con el nombre que por el artículo 33 le puso una piara de militares corruptos) hay 1.100 prisioneros políticos y contando. La incipiente revolución se ha desencadenado porque la población, que vive prácticamente en la miseria, vio cómo subía vertiginosamente el precio de los productos básicos incluidos los alimentos, agotando así sus escasas posibilidades de subsistencia. La comunidad budista, que cuenta con un gran apoyo social, se encarga de la educación y cubre gran parte de las necesidades de un pueblo destinado al abandono por su gobierno. Los monjes son los que están dirigiendo esta protesta pacífica (el budismo es una filosofía que respeta la vida y aboga por la no violencia) y han logrado movilizar a más de 300.000 personas en el país en contra el régimen dictatorial que sufren.
La respuesta de la junta militar ha sido bastante clara: reducir de la forma que sea cualquier conato de protesta (ayer en Rangún mataron al menos a 5 monjes y hoy se informa que por lo menos 800 de ellos has sido detenidos) y declarar un toque de queda castigado con la muerte para el que pise la calle tras la puesta de sol.
Bien, después de contar esta pesadilla que están viviendo y sufriendo 50 millones de personas, no puedo por menos que preguntarme una serie de cosas.
¿Dónde coño está la alianza de naciones, los cascos azules, el nuevo orden mundial, el ejército de la paz y la salvación? ¿Dónde están todos lo que se erigieron en la defensa del orbe y contra cualquier dictadura?
¿Tienen que excavar los monjes pozos de petróleo o minas de oro para que algún gobierno o confederación internacional se sensibilice y plantee acabar con el régimen actual, arrasar la junta militar y limpiar un poquito este mundo, limpiar para que no mueran más inocentes, para que la revolución azafrán de la paz triunfe, para acallar tanta injusticia, pobreza, tristeza, ruido o sufrimiento?
¿A cuántos tienen que matar?, ¿cuánto tiempo más 50 millones tienen que seguir viviendo una dictadura, simplemente por haber nacido en un país pobre? ¿Dónde esta el hombre, dónde está Dios? ¿Qué vamos a hacer...?
¿Sabías que China acaba de vetar una resolución de la ONU condenando los hechos de Birmania? ¿Seguirás comprando productos chinos?
martes, 25 de septiembre de 2007
Fogonazos

¿Cómo puede ser que a la salida del metro de Casa de Campo un grupo de policías antidisturbios nos reciba cargando, vestidos con armadura negra, cascos y fusil de bolas en mano, por hacer botellón a la salida de la estación más cercana a la celebración de las fiestas del PC, y 24 horas más tarde, en la puerta del antiguo matadero de Legazpi, vamos, en el centro de Madrid, miles de personas beban litrona-en-mano "con total impunidad" celebrando la Noche en Blanco?
¿Cómo puede ser que un amigo se presente en la Noche en Negro, (manifestación en contra de la Noche en Blanco y su supuesta casual coincidencia en fechas con las fiestas del PC) y los niñatos que asistieron le tomen por policía e intenten agredirle?
¿Cómo puede ser que sea lícito beber o no en las calles de Madrid según le salga de la minga al alcalde? ¿Cómo una noche cultural se convierte en un sin fin de colas para no poder entrar en nada, y todo termine en un pedo adolescente e inconsciente general?
¿Vivo realmente en una ciudad de gilipollas?
¿No es mucho más bonito mezclar juventud y alcohol con algo de combatividad, con alguna ideología –por pobre que sea–que te anime a salir a la calle y cambiar algo de la mierda en la que estamos zozobrando?
Hoy mi grupo de defensa de los animales organiza un acto delante de la embajada de Japón pues cada año, en las pequeñas poblaciones pesqueras de la costa japonesa, los pescadores matan a cerca de 20.000 mamíferos marinos de la manera más brutal. Desde octubre a marzo, los pescadores provocan ruidos que desorientan a los delfines, marsopas y pequeñas ballenas y retienen a grupos enteros en bahías de agua poco profunda.
La mayor parte de los delfines son descuartizados vivos y vendidos como comida, mientras que algunos se venden a delfinarios y parques acuáticos para realizar espectáculos, convirtiéndose estos en cómplices de esta matanza.
Esta cacería anual es la mayor matanza de delfines en todo el mundo y se perpetúa a causa de los esfuerzos por esconderlo del gobierno nipón y de las empresas que se lucran. Por este motivo, cada año crece la protesta internacional para llamar la atención sobre esta crueldad y para ejercer presión sobre el gobierno japonés, con el fin de lograr el cese definitivo de esta matanza.
Matan delfines, el animal más bello e inteligente que existe. Estos cetáceos viven en grupos sociales jerárquicos, con los que comparte toda su vida. Los estudios de comportamiento del delfín sugieren que ciertos animales prefieren asociaciones con otros y se reconocen después de períodos de separación. Los enlaces entre una madre y su cría son duraderos: una cría normalmente permanece con su madre de tres a seis años o más. Los lazos de los machos adultos en pareja son fuertes, emplean a menudo un gran número de comportamientos cooperativos y aunque viven en grupos de 20 a 300 individuos. Por lo general no son promiscuos y permanecen fieles junto a su grupo hasta la muerte. Juegan para divertirse, varían sus rutas, tienen predilecciones en sus relaciones y, en definitiva ,tienen todas las características para poder tener conciencia de su ser, su familia, su grupo social, su vida, el dolor, la sangre, la muerte...
¿Cuántos acudirán a la manifestación?
¿Cuántos de los miles de jóvenes que se manifestaron por la ley antibotellón acudirán, litrona-en-mano, a protestar contra esta matanza?
Creo que el espíritu del mayo del 68 no murió entre los panfletos del ideario político y el LSD: murió enterrado en alcohol y los jóvenes de hoy son los cadáveres ebrios de una revolución huérfana de militantes, salvo pocas y honrosas excepciones.
Si no luchamos para cambiar el mundo, qué lucha merece la pena.
viernes, 21 de septiembre de 2007
Mil cárceles
Me siento encerrado entre mil cárceles que siquiera son de oro. Una es la oficina, fría y marmólea, de la casa cuartel que en calabozo encierra mi alma ocho horas más transporte. No es que sea insoportable, ni tampoco una condena. Claro que depende de mí el siguiente paso, pero me da mucha pena ver como pierdo mi vida. Para muchos, mi caso es uno de los afortunados y, en el ámbito profesional, lo comparto. Lo que, por mucho que quiera, no acierto a entender, es si eso es bueno, malo o, simplemente, es dejarme la existencia por un ‘puñao’ de billetes que, hoy por hoy, sirven para poco más que pagar la hipoteca y limpiarse el culo. Sólo es dinero. No cambio nada de lo que me rodea, no mejoro el mundo. Es más, potencio el consumo.
Otra es mi casa que, de tanto esperar a que se solucionen los problemas, me está volviendo un poco más paranoico. Con lo que ha subido el euribor en los últimos dos años, he dejado de pensar que es una suerte para darme cuenta de que me he comprometido a estar pagando -por ahora (y contando)- mil euros al mes, lo que hacen un total de 360.000 euros, más 30 años de mi vida, envuelta y con lazo, entregada al banco, con genuflexión incluida, a cambio de 40 metros. Esto me da qué pensar. A lo que más cantidad de horas me dedico, por invasión espacial y cerebral, es a generar dinero, no para mí, sino para la empresa y el banco. Nada para lo realmente importante, que se circunscribe a pocas cosas; si apuro, se quedan en mi gente, un techo, música, verdura, fruta, y ayudar a los animales y la escuela.
Otra es la mazmorra de mis propios sentimientos, creo que en fondo me educaron para casarme y tener niños, a pesar de mis ideas revolucionarias y mi aspecto entre surfista y niño perdido, involuntariamente rompí con la genética de mi generación, que si miro alrededor ya cambian pañales o firman divorcios. Lo único que realmente me duele de mis relaciones sentimentales es no haber adoptado una niña en su momento, por el resto y visto lo visto, prefiero la soltería que por lo menos es un estado que puede prolongarse sin necesidad de disimular las cosas que siento, ni de agradar a terceros salvo cuando quiero hacerlo.
Otra situación es la de la impotencia, también carcelaria, al no poder cambiar o paliar tanto sufrimiento que me rodea, desde las imágenes que veía -cuando soportaba los telediarios- de tantos inocentes sufriendo a las horrendas matanzas diarias de toda suerte de animales: desde el que cuelgan de un gancho en la cabeza para exponer detrás de un cristal de algún maldito bar, a los que visten las zorras de antaño.
Todo esto me aprisiona en un mundo en el que no quiero estar, que actúa de una forma injusta, en la que me niego a participar, lleno de clases sociales, de consumo. Hay días que rezas para dejar de ver lo que pasa, porque ya no aguantas más, y no tienes fuerza para soportarlo, porque hace mucho que tienes una bola de tristeza en la garganta que no te deja respirar feliz, y no te paras a pensarlo demasiado, porque sabes que las lágrimas no paran las balas, ni atajan ningún problema, por nimio que sea, ni ayudan a cambiar el mundo.
Esos días es cuando los barrotes que me rodean se materializan a mi alrededor, me aprietan tanto que me inmovilizan, y se estremece mi alma, consciente de sufrir una condena. Entiendo lo que sienten los animales en el zoo, las personas encerradas en el Soto, en Valdemoro, en Aranjuéz, Navalcarnero, Alcalá Meco, en los centros de Inserción Social sin pernocta, en las granjas de exterminio...
Otra es mi casa que, de tanto esperar a que se solucionen los problemas, me está volviendo un poco más paranoico. Con lo que ha subido el euribor en los últimos dos años, he dejado de pensar que es una suerte para darme cuenta de que me he comprometido a estar pagando -por ahora (y contando)- mil euros al mes, lo que hacen un total de 360.000 euros, más 30 años de mi vida, envuelta y con lazo, entregada al banco, con genuflexión incluida, a cambio de 40 metros. Esto me da qué pensar. A lo que más cantidad de horas me dedico, por invasión espacial y cerebral, es a generar dinero, no para mí, sino para la empresa y el banco. Nada para lo realmente importante, que se circunscribe a pocas cosas; si apuro, se quedan en mi gente, un techo, música, verdura, fruta, y ayudar a los animales y la escuela.
Otra es la mazmorra de mis propios sentimientos, creo que en fondo me educaron para casarme y tener niños, a pesar de mis ideas revolucionarias y mi aspecto entre surfista y niño perdido, involuntariamente rompí con la genética de mi generación, que si miro alrededor ya cambian pañales o firman divorcios. Lo único que realmente me duele de mis relaciones sentimentales es no haber adoptado una niña en su momento, por el resto y visto lo visto, prefiero la soltería que por lo menos es un estado que puede prolongarse sin necesidad de disimular las cosas que siento, ni de agradar a terceros salvo cuando quiero hacerlo.
Otra situación es la de la impotencia, también carcelaria, al no poder cambiar o paliar tanto sufrimiento que me rodea, desde las imágenes que veía -cuando soportaba los telediarios- de tantos inocentes sufriendo a las horrendas matanzas diarias de toda suerte de animales: desde el que cuelgan de un gancho en la cabeza para exponer detrás de un cristal de algún maldito bar, a los que visten las zorras de antaño.
Todo esto me aprisiona en un mundo en el que no quiero estar, que actúa de una forma injusta, en la que me niego a participar, lleno de clases sociales, de consumo. Hay días que rezas para dejar de ver lo que pasa, porque ya no aguantas más, y no tienes fuerza para soportarlo, porque hace mucho que tienes una bola de tristeza en la garganta que no te deja respirar feliz, y no te paras a pensarlo demasiado, porque sabes que las lágrimas no paran las balas, ni atajan ningún problema, por nimio que sea, ni ayudan a cambiar el mundo.
Esos días es cuando los barrotes que me rodean se materializan a mi alrededor, me aprietan tanto que me inmovilizan, y se estremece mi alma, consciente de sufrir una condena. Entiendo lo que sienten los animales en el zoo, las personas encerradas en el Soto, en Valdemoro, en Aranjuéz, Navalcarnero, Alcalá Meco, en los centros de Inserción Social sin pernocta, en las granjas de exterminio...
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Poesías de amor y coña -01
Poesía de amor y coña 01
Prometo quererte mientras te quiera
adelantar 3 meses las primaveras
ser en la cama siempre una fiera
no estar nunca en casa, no dormir nunca fuera
enseñarte por lo que lucho y muero
no tomarme nunca la vida en serio
recoger las monedas que tiro en el suelo
escuchar música a 10.000 decibelios
Prometo robarte regalos sin envoltorio
hacerte pasta con algo cada cena
comprar Perignon para mi velorio
susurrarte algunas mañanas al oído: tía buena
Prometo no envejecer en la oficina
regalarte plantas, nunca flores
esconder el análisis de orina
comprarte tanguitas de muchos colores
Prometo no estar mucho en tus reglas
no mear mucho fuera de la taza
no vivir rodeado de mierda
no salir con los amigotes de caza
Prometo viajar todo lo que podamos
asegurarte el pasaporte de la risa
no ocultar con Grecian mi pelo cano
amarte cada noche sin pausa y sin prisa, siempre sin prisa
Prometo quererte mientras te quiera
adelantar 3 meses las primaveras
ser en la cama siempre una fiera
no estar nunca en casa, no dormir nunca fuera
enseñarte por lo que lucho y muero
no tomarme nunca la vida en serio
recoger las monedas que tiro en el suelo
escuchar música a 10.000 decibelios
Prometo robarte regalos sin envoltorio
hacerte pasta con algo cada cena
comprar Perignon para mi velorio
susurrarte algunas mañanas al oído: tía buena
Prometo no envejecer en la oficina
regalarte plantas, nunca flores
esconder el análisis de orina
comprarte tanguitas de muchos colores
Prometo no estar mucho en tus reglas
no mear mucho fuera de la taza
no vivir rodeado de mierda
no salir con los amigotes de caza
Prometo viajar todo lo que podamos
asegurarte el pasaporte de la risa
no ocultar con Grecian mi pelo cano
amarte cada noche sin pausa y sin prisa, siempre sin prisa
martes, 18 de septiembre de 2007
Los del camino tenebroso.
Al otro lado se encierran los débiles en su armadura de fuertes. Se fortifica el miedo a ser uno mismo y se llena de ruido para no enfrentarse al silencio. Al otro lado, las palabras duras derriban a los ataques, se da mucho y callando, se sufren los disfraces, se pierde el carácter, la compostura y la cordura no se domina; se es dominado por el miedo al rechazo, a la respuesta hostil del medio, a que asome un trocito del alma entre el chaleco antibalas.
Al otro lado lo temes, te parece el mal desde fuera. Se viste con pinturas de guerra, se vende fiero, pretende en todo momento alejar los ataques. Al otro lado se vive más, pero hace más daño, se encajan los golpes de los que parecen inocentes y se sufre cada injusticia como propia. Al otro lado no se entiende de buenos o malos, se aceptan los defectos, los colores grises, se lucha contra los estigmas, se impone la razón, se protege con alambre de espino la preciosa vida del abandonado. Al otro lado se golpea más duro porque duelen más los golpes y se pierde la medida. Al otro lado, un santo puede parecer un demonio, un loco cuerdo y todo es verdad y mentira según el día y como te levantes. Al otro lado sólo existe la ley del más fuerte, intentando imponer justicia y proteger al débil aunque no lo comprenda.
Al otro lado viven muchos que nunca entendí, que quiero y admiro y se hicieron fuertes a fuerza de querer parecerlo.
En medio del miedo infinito al otro lado se lucha para vivir sin miedo
Al otro lado lo temes, te parece el mal desde fuera. Se viste con pinturas de guerra, se vende fiero, pretende en todo momento alejar los ataques. Al otro lado se vive más, pero hace más daño, se encajan los golpes de los que parecen inocentes y se sufre cada injusticia como propia. Al otro lado no se entiende de buenos o malos, se aceptan los defectos, los colores grises, se lucha contra los estigmas, se impone la razón, se protege con alambre de espino la preciosa vida del abandonado. Al otro lado se golpea más duro porque duelen más los golpes y se pierde la medida. Al otro lado, un santo puede parecer un demonio, un loco cuerdo y todo es verdad y mentira según el día y como te levantes. Al otro lado sólo existe la ley del más fuerte, intentando imponer justicia y proteger al débil aunque no lo comprenda.
Al otro lado viven muchos que nunca entendí, que quiero y admiro y se hicieron fuertes a fuerza de querer parecerlo.
En medio del miedo infinito al otro lado se lucha para vivir sin miedo
El hospital de tus besos
Porque en la media luna de tus brazos me rescatas del ades, siempre apareces cuando el viento sopla a vendaval, entre las cenizas del último naufragio y con el futuro guardado en un papel en blanco, por lo que pueda sucederme, con el corazón cicatrizando y muchas ganas de lo que ya sabes. Después te pierdes con el aire, como te gusta decirme, como te encontré, con 22 razones para volverme loco y un montón de camino para desaparecer.
En el fondo pienso que siquiera te conozco, que siempre que te encuentro es para enseñarme que la vida continúa y que en el hospital de tus besos puedo recuperar la razón, y corro, si no sé vivirlo, el peligro de perderla, si es que me queda algo más que perder.
Sabes a nena, a raza, a manto de noche en tu pelo, a refugio del cansado, a magia zíngara, a mujer sin pertenencia, sin ausencia. A cadena rota, a ozono de tarde de lluvia y risa, a tabaco de niña.
No te preocupes que no pretendo atraparte. Sé que si lo intento regresarás al mundo de los libres y sólo podré mirarte tras los barrotes de la cárcel, que es pensar que alguien me pertenece, perdiendo así la oportunidad de recuperarme entre tus brazos del transplante de miocardio. Ojalá yo también te sirva de bálsamo, aunque sea de tigre.
En el fondo pienso que siquiera te conozco, que siempre que te encuentro es para enseñarme que la vida continúa y que en el hospital de tus besos puedo recuperar la razón, y corro, si no sé vivirlo, el peligro de perderla, si es que me queda algo más que perder.
Sabes a nena, a raza, a manto de noche en tu pelo, a refugio del cansado, a magia zíngara, a mujer sin pertenencia, sin ausencia. A cadena rota, a ozono de tarde de lluvia y risa, a tabaco de niña.
No te preocupes que no pretendo atraparte. Sé que si lo intento regresarás al mundo de los libres y sólo podré mirarte tras los barrotes de la cárcel, que es pensar que alguien me pertenece, perdiendo así la oportunidad de recuperarme entre tus brazos del transplante de miocardio. Ojalá yo también te sirva de bálsamo, aunque sea de tigre.
lunes, 17 de septiembre de 2007
To much Galadriel
Siempre algo o alguien me recuerda a ti, a lo que siento, a como podría ser la vida para dos personas que se conocen y se quieren desde antes de cumplir los diez años. E, inevitablemente, una parte de mí se emociona y otra se ciñe a tenerte lejos y sentirte tan cerca que, cuando menos lo espero, me llega tu recuerdo, seguramente de un rayo de luz de Venus, la estrella de la mañana (la que preferimos los noctámbulos), que puede ser vista tanto de día como de noche y marca la dirección del sol.
Y la verdad... no podría ser de otra forma. ¿Por qué te crees si no que los geniales necesitamos llevar gafas de sol a cualquier hora? Porque el brillo de nuestra estrella (planeta) ciega y pasa el tiempo sin que pierda intensidad, señala siempre la dirección de la luz, del calorcito, del mar, de todas las cosas bonitas que guardo desde que una parte de ti me abrió los ojos para aprender a verlas.
Y, sí... lo siento, pero esta noche soñé que te abrazaba y de alguna forma sé que por muchos brazos que me reciban en esta vida nunca sentiré que todo está en su sitio, que tiene sentido y que merece la pena volver, sólo por verte.
No es que te quiera más porque no puedo, tampoco es un ataque incontrolable (tranquila), ni un dolor de corazón, simplemente es que sé que eres tú, y a veces tener esa certeza pesa tanto como quererte en libertad.
No te preocupes que no me falta el aire, solamente algunas noches me susurra tu nombre.....igual es que con la edad me cuesta vivir permanentemente en guardia para poder controlar incluso los sueños......
Y la verdad... no podría ser de otra forma. ¿Por qué te crees si no que los geniales necesitamos llevar gafas de sol a cualquier hora? Porque el brillo de nuestra estrella (planeta) ciega y pasa el tiempo sin que pierda intensidad, señala siempre la dirección de la luz, del calorcito, del mar, de todas las cosas bonitas que guardo desde que una parte de ti me abrió los ojos para aprender a verlas.
Y, sí... lo siento, pero esta noche soñé que te abrazaba y de alguna forma sé que por muchos brazos que me reciban en esta vida nunca sentiré que todo está en su sitio, que tiene sentido y que merece la pena volver, sólo por verte.
No es que te quiera más porque no puedo, tampoco es un ataque incontrolable (tranquila), ni un dolor de corazón, simplemente es que sé que eres tú, y a veces tener esa certeza pesa tanto como quererte en libertad.
No te preocupes que no me falta el aire, solamente algunas noches me susurra tu nombre.....igual es que con la edad me cuesta vivir permanentemente en guardia para poder controlar incluso los sueños......
viernes, 14 de septiembre de 2007
por alguien o por algo
La herida a veces se abre en los requiebros o cuando más cansado estás, más desprotegido o cuando simplemente llegas a casa sin nadie a quién contarle el viaje.
Acostarte cerca de unos brazos que te acogen, unos ojos que te quieren, los labios que te besan susurrando que en medio de la noche alguien te espera en casa, en los sueños que queden, regalar flores, reír...... sentir que al día siguiente merece la pena levantarse y seguir luchando.
Quizá tenga que romper la idea de hacerlo por alguien o por algo, aceptar que es por mi, apretar el paso si escucho a la tristeza persiguiéndome, y sumergirme de nuevo en el mundo de la búsqueda en vez de lamentarme tanto de la soledad, que como las buenas amantes es a veces dulce y otras una bestia. Sea el sino el que me condene y yo mismo el que me redima, me entrego desnudo y frenético al abandono del viernes gris que promete conatos de luz siempre adictivos.
Que lo bailemos bien.
Acostarte cerca de unos brazos que te acogen, unos ojos que te quieren, los labios que te besan susurrando que en medio de la noche alguien te espera en casa, en los sueños que queden, regalar flores, reír...... sentir que al día siguiente merece la pena levantarse y seguir luchando.
Quizá tenga que romper la idea de hacerlo por alguien o por algo, aceptar que es por mi, apretar el paso si escucho a la tristeza persiguiéndome, y sumergirme de nuevo en el mundo de la búsqueda en vez de lamentarme tanto de la soledad, que como las buenas amantes es a veces dulce y otras una bestia. Sea el sino el que me condene y yo mismo el que me redima, me entrego desnudo y frenético al abandono del viernes gris que promete conatos de luz siempre adictivos.
Que lo bailemos bien.
martes, 11 de septiembre de 2007
Matarán a Jaquerito
En un intento desesperado por Salvar a Jaquerito escribimos y enviamos a todos los medios esta carta a modo de súplica, mientras escribo estas letras están matando a Jaquerito......
Matarán a Jaquerito
Crónica de una muerte anunciada
Imagine que está placidamente comiendo y unos hombres le encierran contra su voluntad, el pánico que sentirá durante las horas de angustia sin conocer qué le ocurrirá, para después liberarle ante una multitud enardecida buscando su muerte a pié y a caballo, armados con lanzas. Imagine la carrera desesperada para buscar la salvación que no llegará mientras le asestan todo tipo de golpes mortales por simple diversión.
El domingo 9 de septiembre, 600 personas decidieron llegar hasta Tordesillas (Valladolid), para reivindicar el fin de tan brutal tradición. La Expedición partió de varios puntos de la geografía nacional. En la Plaza de Colón de Madrid, nos esperaban los autocares fletados por el PACMA (Partido Antitaurino Contra el maltrato Animal), apoyados por los voluntarios de Equanimal. Llegamos a Tordesillas, donde nos encontramos con el resto de los activistas, que acudió a la villa con un objetivo común: solicitar el indulto de un condenado a muerte, el toro conocido como 'Jaquerito', que será hoy ejecutado públicamente sin poder, hasta la fecha, atribuirle algún delito que corresponda a la pena de muerte impuesta, sin juicio de por medio.
'Jaquerito' tuvo la mala fortuna de ser el toro elegido como la víctima inocente de la anacrónica tradición de matar, el día de la Virgen de la Vega, un animal con jinetes armados con lanzas y cuchillos; el pasado año participaron cerca de 20.000 personas, multitud que persigue y da muerte al toro que vaga aterrado por el campo.
Vaya por delante que no todos los vecinos de Tordesillas están de acuerdo con este festejo, aunque muchos ocultan su verdadera forma de sentir por miedo a las represalias de una mayoría insensible hacia el dolor y sufrimiento animal.
Durante nuestro trayecto en bus se nos instó por parte de la organización a guardar la compostura e ignorar los insultos y pedradas que, por parte de los contra manifestantes, íbamos a recibir, al igual que en las dos pasadas ediciones. Al llegar, nos recibió un cordón policial y un grupo reducido de contra manifestantes. La mayoría del pueblo estaba asistiendo a una novillada supuestamente financiada por un millonario del lugar.
Tal y como se pudo ver en el informativo de Tele 5 y, posteriormente, en las publicaciones digitales de distintos medios, nos recibieron con insultos, gestos obscenos y de amenaza, porque, simplemente, fuimos a solicitar algo que consideramos justo: el indulto.
Desde Equánimal, solicitamos la abolición de este tipo de festejos y el indulto de 'Jaquerito'. Pedimos a las administraciones, desde nuestra posición de sensibilidad, que se hagan eco de los que sufren, de los que no tienen voz y son ejecutados de forma pública si no lo impide nadie.
Esta es la crónica de una acción destinada a salvar la vida de un ser inocente y la abolición de festejos sangrientos que culminen con la consumación de esta injusta condena a muerte.
A quién corresponda ruego escuche esta súplica.
En mi nombre en el de las asociaciones que organizaron el evento y en el nombre de JAQUERITO.
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