miércoles, 28 de noviembre de 2007

Lo fácil y lo difícil

Cómo puedes explicar que la vida es algo maravilloso para todos los seres que la poseen y levantar con eso una diferencia.

Cómo puedes explicar que la raza, el país del que provienes, la religión que profesas y el nivel de riqueza viene predeterminado; que, en el fondo, no podemos darle valor a los actos que no escogimos; que el hambre y el sufrimiento es igual para todos y no entiende de nacionalidad o condición; que, si no hay sitio para todos, no merece la pena el mundo que estamos construyendo.

Cómo puedes hacer entender que el amor forma parte de lo sagrado, del territorio personal y que es mejor no pronunciarlo si no lo sentimos, que es mejor convivir con la duda que regalar certezas efímeras; que follar por follar es tan bueno como sano y las cosas por su nombre se reconocen mejor; que son igual de importantes nuestros sentimientos que los de la persona que tenemos delante; que disfrazar la verdad para que parezca más bella conduce a la pérdida de lo bello.

Cómo explicar que no hay posesión material que valga más que quién la posee; que no se trata de sumar, sino de igualar en la felicidad; que, cuando menos tuve, más feliz fui; que cualquier tiempo pasado es tiempo pasado y lo importante es sumar experiencias y no apuntar el rastro de dolor que nos infringieron para después cobrarlo con creces.
Cómo puede ser que buscando paz encuentre guerra, buscando amor encuentre soledad, buscando vivir encuentre exigencias continuas y lo más sagrado, que es el tiempo, lo valoremos por lo que conseguimos y no por lo que vivimos, y pasar pasando sin mirar, para ver menos y engañarnos más felices.

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