lunes, 5 de noviembre de 2007

35 milímetros de realidad.

Intento parar el caos, el desastre cerebral en el que he vivido demasiados años. Demasiada juerga, demasiados compromisos rotos por fuera y dentro de mi. Demasiada gente, a veces colateral, a veces superficial. Demasiadas noches sin dormir, excesos, porros, copas, ruidos, palabras grandilocuentes para cosas muy normalitas. Sensaciones exageradas de una realidad de la que pretendía escapar, para acabar lamentándome de lo que me pasaba o, lo más triste, de lo que no ocurría.

No es quiera restar intensidad a mi vida. La resta es una de las operaciones más dolorosas, a priori, y más refrescantes, a la larga, porque te prepara para enfrentarte desnudo a un ejercito de días vestidos de incógnita. Tampoco espero arrancar de esta jodida personalidad inconformista la pasión, tan necesaria como la música en una buena película. Simplemente estoy tratando de manejar la realidad que tengo a mi alrededor con más dosis de realidad. Sin huidas hacia ninguna parte y sin esperar apariciones de lourdes o bonolotos, que a estas alturas del partido, la verdad, no espero que me toquen (cruzo los dedos para que así sea).

Creo que a los casi 35, es hora de dejar de verme como un adolescente y empezar a entender que no hay edad para hacer las cosas que siempre quisiste hacer y el mejor momento es, sin lugar a dudas, el presente. No renuncio a mi pasado. Seguramente, sin el, no hubiera podido soportar ciertas zozobras. Lo que trato de buscar es un mejor presente. Mirar al futuro es algo que no me permito con frecuencia, ya que, si de algo me ha servido el tramo de viaje que viví, es para darme cuenta de que esa es otra fantasía que puede que no se produzca.

Bendigo cada jirón de mi camino, cada malentendido, cada situación complicada e, incluso, cada despedida. Todo eso me ha llevado a salir esta mañana a la calle y respirar con la tranquilidad necesaria como para darme cuenta de lo bonito del sol de invierno sin esperar que del cielo baje la nave nodriza a rescatarme, no porque éste sea el sitio en el que quiero estar, sino porque es en el que estoy. Además, salí de casa con un beso pintado en los labios, no con una promesa de amor eterno, ni con una pretérita historia de capuletos y montescos, y esas dos simples cosas son lo más real que me ha ocurrido en mucho tiempo.

2 comentarios:

José Mª Juanas González dijo...

Amigo Cristiano, veo en éstas líneas un referendum hacia la consciencia, un golpe de timón que te sacará de las aguas revueltas y te guiará hacia aguas tranquilas; me alegro.

Me alegro por tí y por los que te quieren.

Me alegro también por los que no te quieren, ya que eso es por que no han conocido hasta ahora a tu verdadero YO, y tendrán la oportunidad de hacerlo... y conocerte, ya es quererte.

Me alegro por la dueña del pintalabios, porque está con Cristian, no con una ilusión.

Me alegro por la literatura, por la poesía y por la música; han recuperado a un bohemio.

Me alegto por mí, porque yo también aprendo algo.

Pero si te acuerdas de mi anterior comentario, en él te decía que en el punto medio de las cosas está la virtud.

Si dejas de ser lo que has sido durante éstos últimos y largos años, dejarás de ser tú, y seguro que en ésta última época, no todo ha sido malo, entre períodos de sombra, a veces la luz se deja ver y estoy seguro de que en esos momentos tomaste buena nota de ello.

¿Ya no volverás a escuchar la música en Surround?

¿lo harás en mono?

¿Ya no volverás a sentir al mirar a los ojos de una chica que el mar está detrás de ellos?

¿O a reirte hasta desencajarte la mandíbula con las historias de exorcismo de algún pirado?

Es posible, pero ello dará paso a otras nuevas sensaciones, que son tan poderosas como la más potente de las drogas.

La sonrisa dedicada de una guapa desconocida puede producir en tí toneladas de THC natural.

El olor del aire a primera hora de la mañana, en un pueblecito de Castilla con el canto de las aves, te hará sentir cada una de tus respiraciones.

Y si no me crees, prueba a entrar en un Spá... y me lo cuentas.

Hay muchas cosas en las que recrearse y disfrutar... al mismo tiempo que recordando que en el punto medio está la virtud, no divorciarte del todo de María.

No te cases con ella... tenla por amante ocasional.

Sansoncita dijo...

Me alegro de que tu cuerpo vuelva a tener hormigas recorriendole. Aunque tengas un dolor por dentro siempre has sabido sacar una sonrisa para todos, y eso es una maravilla. Aprovecha lo bueno de las cosas, como ese beso, ese sol, una buena comida (mejor con buena compañía). Domir caliente. Soñar hasta despierto. Vivir amando las pequeñas cosas, que parece fácil pero es casi un imposible....