jueves, 25 de octubre de 2007

Dónde muere el amor

Ya no sonríes. Me de igual si te veo. No me acuerdo de nada. Hace mucho tiempo que no me paro sólo a mirarte tranquilo. Siempre quedo con gente. Ya no salimos solos. Vamos de compras a los mismos sitios, a por las mismas cosas.

En las llamadas perdidas, en las explicaciones que no te pedí, en los silencios largos.

En el miedo a perderte, en los gritos.

En el portazo, en la furia, todo gira de nuevo y se tambalea.

En las discusiones tontas.

En el olvido, en los mensajes comprometidos, en los nuevos amigos.

En las mentiras piadosas.

En los desplantes, en las dudas, en esa puta calle que decides un día que no volverás a andar y ya no cruzas la línea de los que aman por nadie, y te mantienes en el sitio seguro de la tristeza, donde sólo quieres mirar al frente y llena de lágrimas. Crees que persigues tu destino y lo único que haces es cerrar muy fuerte los ojos y subir el volumen del ruido para no escuchar al corazón que te pregunta a quién quieres, pero ya no tienes tiempo ni paz para escucharlo.

Y te partes de nuevo en dos y te reúnes en la soledad.

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