martes, 31 de julio de 2007
Paréntesis
Creo que este ejercicio, año laboral, periodo o como quiera llamarlo, que termina, ha sido, con mucho, de los años más duros que recuerdo. Realmente, hace muchiiiisimo tiempo que no sufría así, que no me enfrentaba a la soledad, al miedo y seguir p'lante, mientras el corazón aguante de la forma que sea. También ha sido el que más he aprendido y cierro sabiendo que puedo ser independiente en todos los sentidos, y esa seguridad que tanto cuesta adquirir es lo único que me ha dado fuerza para superar la prueba de un matrimonio que nunca se celebró y un piso vacío, al que tenía que autoconvencerme para subir y seguir viviendo como si de algo liviano se tratara. También me he enfrentado de nuevo a la tristeza, que sigo sintiendo como la antítesis de mi propia naturaleza, a seguir currando como un pobre y soñando como un hombre libre y saber que no hay nada superior a la amistad, por que gracias a muchas personas que estuvieron a mi lado de una forma u otra me di cuenta, de nuevo, que hay pocas cosas que permanecen. Tengo la inmensa fortuna de tener amigos que están siempre y eso es el tesoro que, en medio de la tempestad, siempre llevé en mi alma. Me voy, por fin, al mar, cerca de mis amigos, a ver como bucea el sol lentamente al atardecer, y rompe el cielo del sur cuando amanece. Al azul que conmueve y siento tan dentro de mi como mi propia sangre y a buscar en medio de esta tormenta más diversión buen rollo y marcha para cazar a golpe de caña, tapa, baile y polvo -si la fortuna lo concede- cualquier atisbo de felicidad que esté esperando allí fuera. Y, si no, tampoco importa mucho, porque no puedo expresar la alegría que siento cuando estoy con los míos. Feliz verano.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario