
Gracias a la cultura empresarial de este país hemos pasado del caciquismo profundo de los santos inocentes, (ese que parece tan lejano y se sigue practicando ahora con los emigrantes sin papeles que trabajan la tierra la mayoría bajo plásticos a 50 grados), al supuestamente desarrollado mundo empresarial. A los que tenemos la común desgracia de no pertenecer a ningún tipo de clan con apellido y poder nos toca entrar en el mundo laboral después de trabajuchos miserablemente remunerados, como repartir publicidad, pizzas, etc..., auspiciados normalmente por una empresa de trabajo temporal que a la postre viene a ser lo más parecido a la esclavitud legal, sin vacaciones y sin derecho a ponerte enfermo. En pocas palabras, tienes derecho a trabajar como un cabrón y que te paguen una mierda, y cada semana nos envías un papelito firmado por tu jefe con las horas trabajadas. Recuerdo el primer papelito que envié, con todas las horas trabajadas las extras incluidas, que el jefe me llamo y me explico con muy buenas maneras que en la empresa tenían la costumbre de rellenar el papel con 40 horas semanales. Aún no lo sabía pero las empresas de este, mi país, están llenas de esas curiosas costumbres en las que tu pierdes tu tiempo y el dinero que no tienes, y el que más tiene se sigue enriqueciendo por la cara. Lo más curioso es que a ese jefe realmente le daba igual si yo ponía más o menos horas, siquiera la empresa era suya, siquiera modifica un ápice su sueldo, simplemente conseguía favorecer a patroncito que le daba de comer jodiendo al pueblo trabajador. Gilipollas como ese, cargos intermedios autosuficientes y grises, que trabajan mal y opinan que el resto son unos inútiles, que se creen imprescindibles y lo único que hacen es ralentizar la labor que por lo general siempre acaba currándose otro, que carga a los demás con cualquier marrón y se cree el hacedor de cualquier buena idea, pecho receptor de medallas... ese especimen prepotente desgraciadamente es de lo que más abunda en el panorama empresarial patrio. Al principio crees que es un echo aislado, que no es lo normal, que ese tipo de gilipollas es una desgracia temporal que pasará de tu vida y en cuanto cambies de trabajo dejarás de verle el 'jeto' cada mañana, al poco te das cuenta que nada más lejos de la realidad, que ese papel de cara mierda chivato se repite desde el 'cole', no te acuerdas de ese que estaba al ladito del empollón y se la chupaba para que le pasara preguntas en lo exámenes mientras le contaba al profesor todo lo que hacían de malo el resto de los compañeros (también el empollón porsupuesto). Bueno, pues ese niño horripilante, en vez de ser ahogado de pequeño en una tinaja de vino barato y ofrendado a Baco, crece y gracias al veneno que transportan sus 10 neuronas, es capaz de aprobar en la facultad privada, entrar en una empresa de papá o de algún amiguete, y terminar medrando como jefecillo del lugar, independientemente de la envergadura de la empresa. Lo increíble de esto es que ese tipo de personas que, por lo general, son poco productivas, acabe teniendo algún cargo y encima tenga que relacionarse con el resto y, claro, la pregunta que me viene a la cabeza casi sin pensar es ¿qué se espera un jefe, director o dueño de una empresa con un equipo semejante? La respuesta para mí es clara, si se rodea de un buen grupo de profesionales, si acepta consejos e incluso escucha a los demás que sí que están estudiados y preparados, y la empresa mira por sus trabajadores, les pone un buen horario todo el año (por que no hace falta morirse de calor para salir pronto del curro) y, encima, les paga un buen sueldo, es que, obviamente, salvo raras excepciones, estamos fuera de España o nuestra organización es una delegación de una empresa extranjera. En cambio, si lo que quiere es pagar poco, ceñirse al convenio, poner un horario de mierda que nos obligue a trabajar y desplazarnos todo el día, no dé ninguna plusvalía a sus empleados (no a los 4 que tiene alrededor), entienda que el personal esté sometido a su vida personal y profesional y tenga un equipo de jefes compuesto por inútiles como el genérico descrito al principio, simplemente le pido por mi, y por unos cuantos como que tenemos que sufrirle, que regrese al latifundio del que no tendría que haber salido, que queme los títulos -si es que tiene alguno válido- y que se dedique a la refrescante labor de azotar a los peones para que sigan trabajando la tierra, que para eso vivimos en España y eso ya, per sé, es un privilegio, ¡coño!.

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